Hace mucho que no cuento qué tal nos va en atención temprana… Y no ha sido por falta de ganas, ha sido por falta de tiempo. Y porque tengo tantas cosas que contar al respecto que es imposible que me quepan en una entrada. Por resumirlo mucho: la cosa va bien. 
El niño que entró allí con 15 meses parece otro comparado con el de ahora, con casi 20. Está mucho más comunicativo, repite muchas palabras, imita más, se divierte llamando la atención, está súper apegado y cariño conmigo, ya no se fía tanto de los extraños… Es cierto que alguna cosas todavía andan regular. Sobre todo el tema de obedecer órdenes simples, cosa curiosa porque soy consciente de que el niño entiende una gran parte de todas las cosas que le digo, por no decir todas, y me sorprende mucho que no obedezca si le pido que guarde un libro, por ejemplo o que se enfade si le pregunto dónde está tal cosa. No entiendo qué se le pasa por la mente para que le sienten tan mal esas dos cosas, me parece muy curioso, ¡quién pudiera meterse en su cabecita!.
El lunes próximo tenemos cita con el neuropediatra del Niño Jesús, ¡por fin!. Voy relajada y positiva, a contarle toda la evolución que ha tenido el niño y con la esperanza de que le pongan interés a su tema pero sin ponerme el corazón en un puño como me hizo el tontolculo neuropediatra privado al que fuimos hace unos meses. M. va a preparar un informe para que lo lleve así que en ese aspecto estoy también muy contenta porque aunque tengo claro lo que le voy a explicar, si puedo llevar un informe de la profesional que le trata, mejor que mejor. 
Algo que he observado bastante recientemente es que cada vez tiene más interés por los niños mayores que él. Los pequeños le siguen interesando cero, pero los mayores que él le llaman mucho la atención, se parte con ellos viéndolos hacer el cabra en el parque y a su manera interactúa con ellos, por ejemplo, con largas parrafadas en su idioma. Al mismo tiempo, M. ha empezado a introducir al nene de vez en cuando en un grupo que tienen en el centro de atención temprana, donde los niños juegan dirigidos también por una terapeuta. El primer día entré yo con él y la verdad es que me gustó verle allí. Uniendo ambas cosas, creo que no sería descartable que estando con otros niños y con un juego dirigido se pudieran trabajar determinadas cosas que ahora mismo le están costando. Por ejemplo, pienso que quizá si viera como otros niños sí obedecen órdenes podría darse cuenta de que no hay nada malo en ello. O podría fijarse cómo piden las cosas otros niños y dejar de pedirlas él a grito pelao o tirándote del brazo hasta arrancártelo.
Por otro lado, siento que este comienzo de verano se está pareciendo en muchos aspectos al anterior. El nene está súper demandante y exigente y yo estoy agotada. Son muchas horas con el niño colgado de la pierna o tirándome del brazo y cuando tiene el día torcido y lo pide todo a su estilo me deja con la moral por los suelos. Así que he empezado a pensar qué podría hacer yo para que el estuviera mejor y yo pudiera tener un respiro. Difícil considerando la escasa ayuda que tengo así que estoy en proceso de asumir que si quiero ayuda tendré que pagarla.
En AT me han ofrecido llevar al niño a ese grupo unos cuantos días a la semana, además de las sesiones individuales. Lo bueno del grupo es que está dirigido por una persona que entiende de este tipo de problemas y que M. estaría cerca también para trabajar con él adicionalmente. También sería bueno para mi porque allí no tengo que estar yo presente y siendo más horas podría irme a casa y aprovechar esas pocas horas, algo que necesito urgentemente. Lo malo es que está a media hora de mi casa en coche y que esto supondría pagar más dinero, evidentemente. 
Esto último (lo del dinero) me tiene muy pensativa. Mi marido da por hecho que este verano llevaremos de nuevo al nene a matronatación, de hecho se ha comprometido a llevarle él en cuanto tenga jornada de verano. Pero yo no lo veo nada claro porque es un pastón y, como se suele decir, suma y sigue. Me da una pena enorme dejar de hacer cosas que son positivas para el niño por el maldito dinero pero también me siento responsable por no gastar más allá de lo aconsejable. Cuando optamos por esta forma de crianza, ya sabíamos que conllevaba este tipo de cosas, no hay más.
Así que no tengo nada decidido, tengo la cabeza que echando humo…