El bebito está bastante mejor, ¡por fin!. 
Y ha empezado a recuperar horas de sueño a toda velocidad. Anoche durmió 13 horas del tirón, con un sueño profundo y tranquilo, sin cambiarse apenas de postura. Cuando estaba mañana hemos visto que eran las 9h casi no podíamos ni creérnoslo, ¡él que siempre se levanta sobre las 7h!. No sólo eso, apenas dos horas después, a las 11.15h, se ha echado una primera siesta hasta más allá de las 13.30h. Y, después de comer, otro rato, de 15.30 a 17.30h. ¡Ni cuando era recién nacido dormía tanto!. Aún así, yo pensaba que no le iba a quedar ya sueño para esta noche, que se iba a acostar a las tantas, pero qué va, a las 19h ya tenía signos de cansancio y, efectivamente, desde las 20.20h está frito en su cunita. 
Ni que decir que los papis estamos aliviadísimos y hemos aprovechado el día todo lo que hemos podido para poner la casa a punto, aunque con un síndrome de pseudo-domingo tremendo, ¡qué le vamos a hacer!. Ha sido un puente para olvidar, pero por lo menos ha supuesto el punto y final a una semana larga y difícil. 
Está mucho mejor de ánimo, tiene ganas de reirse, de jugar y de que le llevemos a andar. No está a tope de energías pero se le nota más activo.
Ahora ya sólo queda que quiera comer (porque de momento nada de nada), que el exantema se reduzca (de momento sigue extendiéndose hacia los pies y está bastante rugoso) y que se le cure toda la herida que tiene alrededor de la nariz (de momento no creo que lo haga porque sigue teniendo las velillas colgando todo el día). La boca también la tiene hecha un cuadro, da penita verle con las encías inflamadas. Dicen que los niños crecen tras una enfermedad, el mío parece que va a aprovechar para sacar media boca, le veo con la dentadura completa en tiempo récord como siga así.
Mañana quizá le baje un ratito a la calle a que le de el sol, después de tantos días de encierro, nos vendrá bien a los dos. A ver si poquito a poco vamos recuperando la normalidad…