Recuerdo una noche de verano, sentados en la terraza, mi padre me explicó la reproducción humana. Sólo recuerdo que hacía muchísimo calor y que mi padre estaba pasando una vergüenza tremenda. Aguantó muy bien todas mis preguntas, excepto la última: 
Vale, papá, lo de los espermatozoides y eso lo he entendido, lo que no entiendo es cómo llega el espermatozoide, que está dentro del hombre, al óvulo, que está dentro de la mujer“.
Ahí acabó la conversación porque mi padre no pudo más y me dijo: “seguro que te lo explican en ciencias naturales en el cole“. Y yo, que era una ingénua total, me quedé imaginando a un espermatozoide volador, súper valiente, que atravesaba el tiempo y el espacio a la conquista del misterioso óvulo.
Mis padres aquel día hicieron lo que pudieron pero su educación sexual se limitó a esa única y exigua conversación, algo que sin duda fue un error. A partir de ahí todo lo demás fue represión: prohibirme salir con chicos, prohibirme irme de vacaciones con mi futuro marido… Afortunadamente hice lo que me dió la gana y creo que se sorprenderían si supieran hasta qué punto.
Como de los errores de los padres parece que se aprende, muchas veces comento con mi marido la importancia de darle a nuestros hijos una educación sexual completa y, sobre todo, coherente. Negar la evidencia, prohibir lo que uno mismo ha hecho, no sólo es hipócrita sino un error que sólo conduce al fracaso y a la incomunicación. 
En unos tiempos en los que se ha sexualizado todo hasta tal punto que hasta para vendernos un horno con pirólisis hay que “ponerse“, creo que es necesario dar una visión de conjunto. Y no por el hecho de tener un hijo varón me preocupa menos el tema, que no todos los problemas de la sexualidad mal entendida se reducen al embarazo no deseado.
Si hay algo que me gustaría en esta vida es hacer de mi hijo un hombre de bien. Así que es tarea de su padre y de su madre explicarle que el sexo implica una gran intimidad con una persona, que todos merecemos un respeto, que no somos animales y que podemos hacer mucho daño a las personas con nuestro desmedido egoismo. Que todos nuestros actos tienen consecuencias. 
Tenemos una larga tarea por delante porque la sociedad en general, alentada por todo lo que se ve en los medios de comunicación, propone la banalización de las relaciones sexuales y la burla a la familia tradicional.  No me gustaría nada ver a mi hijo convertido en un capullo integral, acumulando polvos como muescas en un revolver. 
No me entendais mal. Que salga, se divierta, se enrolle con quien quiera y cómo quiera, que experimente, que se equivoque… pero que tenga la cabeza bien puesta sobre los hombros y la circulación de la sangre funcionando en el sentido correcto.