Nunca he sido consciente de lo complicado que es caminar por Madrid cuando tienes movilidad reducida hasta que he empezado a salir con el carrito. Ahora, cada vez que bajamos a la calle no hago más que pensar en todas esas personas que van en silla de ruedas, o con bastón, en las demás madres con carritos…
La lista de obstáculos es larga: baches, socavones, alcantarillas a distinto nivel, árboles y papeleras en medio de la acera, coches aparcados en cualquier parte, bordillos de una altura tremenda, losetas sueltas o medio rotas, cacas de perro sin recoger, aceras estrechísimas, negocios con puertas que no se sujetan, o con escalones para entrar o salir, etc etc.
Pero para mi lo peor de todo no son las barreras arquitectónicas. Lo peor es la gente.
Dicen que Madrid es una ciudad de gente muy amable, muy acogedora. Yo nunca he estado de acuerdo con esta afirmación.
A diario me topo con gente que me arrolla, que me arrinconan contra la pared o en el borde de la acera, porque nadie cede el paso ante un carrito. Esta mañana he salido a dar una vuelta, aprovechando que hacía sol, y he tenido varios ejemplos: llegamos a un estrechamiento y no cabemos. En todas las ocasiones, he sido yo la que me he tenido que apartar y dejar pasar a la gente para evitar que mi hijo y yo termináramos arrollados. Y lo curioso es que esta actitud no es exclusiva de niñatos que se están fumando alguna clase del insti, no, los peores, como siempre, son las personas mayores, que se creen con derecho a todo.
Ayer fui al parque frente a mi casa, un gran parque, con lago con patos y todo. Para llegar al lago hay una enorme ¿acequia? (un canal de más de 15 cm de ancho pensado para que corra el agua de lluvia, supongo), precedida de un escalón de más de 20 centímetros. Mire a un lado y a otro, a ver si alguno de los múltiples jubilados que por allí paseaban querían echarme una mano, pero, obviamente, se hicieron los suecos. Así que baje el escalón y salve el abismo sosteniendo el carro, capazo incluido, a lo bruto. Pa’berme eslomao.
Así que entre unas cosas y otras, vuelvo a casa siempre sudando. Esto de salir a pasear con el carrito es una auténtica gymkana.