Superadas las dificultades iniciales, los primeros seis meses de lactancia fueron coser y cantar. Tanto que los primeros dos o tres meses me costaba creerlo. Para alguien que había fracasado en su primera lactancia y que se había sentido claramente en el límite con la segunda, en un punto de inflexión donde sabes que cualquier mínima cosa puede terminar por estropearlo todo, comprobar lo fácil que resulta una vez que se encarrila la situación era sorprendente. De hecho, que resultara tan sencillo me hizo pensar mucho. Aún hoy, muchas veces pienso en qué hubiera pasado si en ese punto de inflexión con mi primer hijo la balanza se hubiera inclinado del otro lado. ¡Qué lástima haber estado tan cerca y haberlo dejado pasar!… En fin, ese es otro tema…

Casualidad o no, tras introducir los primeros alimentos distintos de la leche, empecé a tener problemas con el pecho. Bebé tenía unos seis meses y medio cuando una noche noté un bulto en la parte superior del pecho, hacia la axila, bulto que iba creciendo y poniéndose más duro conforme pasaban las horas. Durante aquella noche intenté poner al niño sólo de ese pecho para que lo vaciara convenientemente y lo único que logré fue que pasáramos una noche infernal, con Bebé inquieto e irritable. Por la mañana descubrí que tenía una perla de leche en el pezón y que por ese pecho no salía nada de leche, ni a mano ni con sacaleches. El bulto era tan grande que tenía la mama deformada, totalmente vacía y flácida por abajo y enorme por arriba, llena de montañitas. Pinché la perla y la leche empezó a salir a chorros durante largo tiempo, salió muchísima leche hasta que se vació casi completamente la obstrucción. A partir de ahí, con calor y tomas frecuentes logré reducir el bulto en unas 24 horas.

Eso fue sólo el principio. Desde ese día hasta hoy, es decir, durante unos tres meses, he tenido casi de manera perpetua perlas de leche en ambos pezones, unas veces menos dolorosas, otras veces más, unas veces más grandes, otras sólo visibles cuando mamaba… Las obstrucciones han sido muy frecuentes, a veces dos o tres por semana. En un par de ocasiones, además, acompañadas de fiebre, malestar y mucho cansancio.

En enero tuve unas semanas que estuve casi casi bien del todo, pensé que me había curado de manera espontánea. Pero tras unas anginas de caballo en las que tuve que tomar amoxicilina, las perlas de leche volvieron con un dolor insoportable como nunca antes y por supuesto también las obstrucciones y el malestar general.

En este tiempo he tomado varios probióticos (Lactoflora y Casenbiotic), he tomado kefir, lecitina de soja, he intentado reducir las grasas saturadas… Parece ser que la dieta puede resultar un factor importante en la prevención de las mastitis, de hecho yo en algunos de los episodios noté cierta mejoría, pero a finales de enero llegue a un punto en el que ya nada me hacía efecto.

Cuando las mastitis son recurrentes, cuando nada de lo anterior da resultado, lo idóneo es hacerse un cultivo de la leche materna, para determinar qué “bicho” está ahí dando problemas y poder tomar el tratamiento adecuado. Y aquí empiezan los problemas de verdad, porque aunque cualquier servicio de microbiología debería hacer estos cultivos, en la práctica no se está haciendo en ninguna parte ni los médicos han oído hablar de esto ni por lo más remoto (y en otro post bien podría contar mi experiencia al respecto, negativa como la de tanta y tanta gente). Te encuentras con un problema que no se resuelve y con un sistema de salud que no te proporciona ninguna solución así que la única opción es peregrinar al Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, coordinado por el Dr. Juan Miguel Rodríguez. 

Allá que fui el viernes pasado, a encontrarme con EL EXPERTO en lactancia materna, así, en mayúsculas. Encontré más de lo que esperaba porque este señor, toda una eminencia, no se limitó a darme unos botecitos para que me sacara las muestras y ventilarme con viento fresco, sino que se sentó conmigo y me dió una clase magistral sobre la fisiología de la lactancia materna, sobre la colonización del intestino del feto en el útero a través de la placenta que va mediada por algunas células del sistema inmunitario, sobre la disbiosis que se produce en la mastitis humana… Impresionante.

Y por si fuera poco con la master class y el cultivo, me vine a casa con probióticos específicos para la mastitis (distintos de los de la farmacia por ser específicos para este problema y tener, lógicamente, una mayor efectividad) y con indicación de cómo proceder durante los 7-10 días que pueden tardar los resultados. Una vez que los tenga veremos si mantengo esa cepa de probióticos, me la cambian por otra o es necesario combinarlo con algún antibiótico específico.

En unos días contaré cómo sigo…