Si en casa recibimos con entusiasmo el momento de ponerle cereales al biberón del desayuno y de la cena, la llegada de las papillas de frutas (que hemos iniciado al cumplir los cinco meses y medio) está siendo todo un acontecimiento.
Yo estaba nerviosa, contentísima y también algo escéptica. Y es que a mi la fruta no me va nada y a mi marido tampoco es que le chifle por lo que teníamos dudas sobre si el bebito iba a aceptar el sabor de buen grado o no, sobre todo considerando que no se pueden aderezar con nada. ¡Y además nos íbamos a estrenar con la cuchara!.
Las indicaciones de la pediatra eran comenzar con media pera y media naranja y después ir añadiendo un cuarto de plátano y un cuarto de manzana, pudiendo espesar la papilla con cereales, si era necesario.
El primer día le preparé la papilla de una pera y tres gajos de mandarina. Eché una pera entera porque la mitad de una pera de agua me parecía una cosa minúscula y cambié la naranja por la mandarina porque me pareció más dulce y agradable su sabor (al margen de que a mi el zumo de naranja me produce unos ardores tremendos, por más azúcar que le ponga).  La papilla fue un éxito, se la comió prácticamente entera en 11 minutos (miré el reloj para ver cuánto tardábamos). A continuación, un biberón de 90 ml.
El segundo día, una pera, una mandarina entera y un cacito de cereales. Otro éxito, se tomó unos 3/4 de papilla y un biberón de 90 ml.
El tercer día, media pera, media naranja, un cuarto de plátano y un cacito de cereales más un biberón de 90 ml (ver foto).

Ya sólo nos queda la manzana… ¡Estamos encantados!.

La cuchara, a la que tanto miedo teníamos, muy bien. Hasta abre la boca para buscarla y podemos hacer el jueguecito del avión. Se ríe mucho tomando la papilla, algo que me encanta.
Eso sí, ahora entiendo por qué venden baberos con mangas. Yo creo que deberían sacar (si no está inventado ya) el babero de cuerpo entero porque a mi hijo no se le cae mucho de la boca (tiene buen saque y procura que la comida vaya “pa’dentro”) pero como no para de meterse las manos en la boca y/o en el cuenco de papilla acaba pringado desde la frente hasta los pies.

Por cierto, ¿con qué se sacan las manchas de fruta?. ¡¡Tengo un par de baberos y un pantalón con unas manchas que no salen con nada!!.

La cucharita que usamos es una de silicona que me encantó porque es muy chiquitita. El ya estaba acostumbrado a la cuchara clásica de café porque la hemos usado para darle las vitaminas o algún medicamento, pero esta es fantástica porque al ser tan pequeñita se la puedo meter entera en la boca y si la muerde no pasa porque es blandita. 
Con lo que no me apaño, de momento, es con la bandeja de la trona. Me resulta muy incómoda  (por grande) y creo que a él también, que no sobresale mucho por encima de ella. Además, conservando el cuenco en la mano evito en parte que meta las manos dentro, un jueguecito al que ya le está cogiendo gusto.
¿Se me nota que estoy encantada, no?.
PD. Tengo que comprar baberos más grandes. Mi marido cuando los veía decía: “¡qué exageración!”. Pero ahora vemos que cualquier protección es poca.