Cojo al bebito en brazos y le enseño dos fotos que tenemos colgadas en una habitación que nunca antes le había enseñado. En la de más abajo salgo yo y en la de más arriba sale mi marido.
Mirando la foto de abajo, la mía.
Pá – paaaaaaaa.
– Hijo, esa soy yo, mami, ma-má.
Pá – paaaaaaaaa.
Mira más arriba y señala a su padre.
Páaaaaaaa – paaaaa.
 – Muy bien cariño, ese es papá, y ¿esta de aquí a bajo quién es? ¡ Es mamá!
Se vuelve hacia su padre y le señala, mirando alternativamente la foto del padre.
– Páaaaaaa- paaaaaaaaaaaaaaaaaa (con cara ya de leche, ¡no te estoy diciendo que ese es papá!)
– Muy bien cariño, muy bien, hijo, no pasa nada, no digas mamá si no quieres, mami te quiere igual.
Le doy un besito, le dejo en el suelo porque ya no puedo más con lo que pesa. Se pone de pie, me tira de los pantalones para que le coja de nuevo:
– Má – maaaaaaaaaaa
¡¿Me lo como o no me lo como?!.