Ayer fuimos a una reunión informativa en la guardería.

Yo iba bastante nerviosa, pues para mi es un paso importante y, encima, un paso del que no estoy muy convencida, aun sabiendo que es nuestra mejor opción mientras no nos toque una lotería.
No salí del todo contenta sino más bien un poco decepcionada, aunque es más culpa mía que de ellos. Me explico.
La charla consistió en que tanto la directora como la educadora del centro contaran pormenorizadamente cuál es el programa del curso, enseñándonos a los padres hasta las fichas que van a hacer, los dibujos de los cuentos, las pegatinas, etc etc. No es que reniegue de su programa educativo, que al fin y al cabo es uno de los motivos por los que elegí este centro, pero hubiera preferido tratar temas que me preocupan bastante más. A mi lo que más me interesa es que cuiden bien a mi hijo, que le den cariño cuando lo pida, le abracen si llora y le dejen dormir si tiene sueño. Lo demás me parece accesorio.
De hecho, el proyecto educativo me pareció demasiado ambicioso. Hubo algún momento que me entró algo de congoja y casi se me empañaron los ojos. Vale que en todos los centros se adaptan los objetivos del curso al desarrollo de los niños, pero es que mi hijo es muy pequeño y no le veo haciendo ninguna de las cosas que tienen programadas, por lo menos, no desde septiembre.
Y es que entre lo que escuché y el par de niños que vi por alí, mi hijo va a ser el más pequeño de la clase con diferencia. Esto quiere decir que la diferencia mínima que tendrá con otros niños será de cinco o seis meses, una diferencia más que importante. Los tres bebés que vi ayer, futuros compañeros suyos, ya andaban, decían un par de palabras y señalaban con el dedo.
Nos comentaron que para el niño había que llevar un vaso de estos de aprendizaje y yo les pregunté por la leche de fórmula y les dije que mi hijo tomaba biberón y que el vaso ese no le gustaba nada. Alguna madre se me quedó mirando un poco alucinada y una incluso dijo mi hijo es que nunca tomó biberón. Para que luego digan que nadie se mete con las madres que damos biberones. Estuve por decirle que a mi me importaba un bledo lo que hubiera hecho su hijo pero me abstuve, ayer preferí ir de mamá-discreta-poco-habladora y me limité a decirle que en septiembre mi hijo cumplirá 11 meses y que no creo que esté tomando leche de vaca en vaso. 
Por la noche mi madre me echó la bronca, me dijo que esas cosas debería comentárselas a la educadora en privado para no dar pie a que las demás madres puedan decir algo. Las teorías de mi madre me recordaron mucho a la entrada de ayer de blog MadresYMás porque, ciertamente, ayer había allí unas cuantas madres de varios hijos en cuyas caras puede leer una importante incomprensión hacia mi espíritu de primeriza. No me importa mucho. No sé si es que me pilla en un momento en que tengo preocupaciones más importantes, pero tengo muy claro que mi preocupación por el bienestar de mi hijo es máxima y me importa muy poquito lo que opinen los demás.
Nos regalaron una mochila para meter las cosas del niño. Eché en falta que nos dieran un listado con las que cosas que son necesarias. Estuvimos preguntando varios padres y, aún así, seguro que nos dejamos algo. En este sentido no estuvo muy bien organizado. A mi es que me gusta tenerlo todo muy bien controlado y no dejar cosas como estas a la improvisación pero, bueno, todavía quedan unos meses.
Me voy a ir a ver si hago una Primitiva, que hoy es jueves y todavía estamos a tiempo.
PD. Creo que la reunión de ayer confirma que soy una ñoña. Pero a mucha honra.