Va camino de dos semanas que dejé atrás el primer trimestre y me ha parecido buena idea hacer un breve resumen de cómo me he ido encontrando y, de paso, compararlo con el embarazo de mi hijo, puesto que han sido varias las diferencias.

Este primer trimestre ha sido llevadero. Esto no quiere decir que me haya encontrado como una rosa, en absoluto, pero los achaques han sido soportables y han sido pocos los momentos en los que he tenido que decir “ay, qué pachucha me siento“. Si no hubiera sido por los cuatro manchados, hubiera sido un primer trimestre incluso bueno.

Todo comenzó unos días antes de la regla, cuando descubrí prácticamente por casualidad que estaba embarazada. En ese momento me encontraba fenomenal, mejor incluso que otros meses después de ovular. No me dolía el pecho, no sentía hinchazón, no tenía dolorcillo de ovarios. Nada de nada. ¿Algo me hizo sospechar?. Lo cierto es que desde el día de la ovulación hasta pasados unos 20 días tuve un pinchazo constante en el ovario izquierdo que me pareció curioso. Y que el día anterior a descubrir que estaba embarazada tuve un dolor de cabeza típicamente hormonal que en absoluto correspondía con el momento del mes en el que me encontraba. Pero como, francamente, no creo que en los síntomas de embarazo, no lo relacioné en absoluto y es más que posible que fuera casualidad. Se puede decir, desde luego, que el mes que menos síntomas tenía, es el mes que toqué diana.

A partir de la semana 5 empecé a tener alguna sensación desagradable y desde la semana 6 me fui encontrando peor, pero la aparición de los achaques fue paulatina y muy suave. Por resumir mucho, mi síntoma principal ha consistido en una sensación prácticamente constante de malestar general que era una mezcla entre embotamiento de cabeza, mareíllo y flojera en todo el cuerpo.

La mayor parte del tiempo era una sensación incómoda pero llevadera, algunos días incluso prácticamente inapreciable. Por las tardes se agudizaba y algún día sí que me he sentido bastante chunga y con una gran necesidad de acostarme, pero pocas veces.

En cuanto a las náuseas, que parecen el síntoma por antonomasia, he tenido pocas y también muy soportables, por lo que no he necesitado tomar Cariban. Me aparecían, sobre todo, después de comer (especialmente si me había llenado) y cuando tenía hambre.

En pocas ocasiones he sentido ganas reales de vomitar aunque sí he sentido revoltillo de estómago e incluso acidez.

He padecido arcadas, muchas veces sin previo aviso y en mitad de la calle, quizá con más frecuencia que las propias náuseas, pero tampoco ha sido muy relevante.

Junto con los cuatro manchados (justo cuando tenía que venirme la regla y al cumplir las semanas 6, 9 y 10), lo peor ha sido el estado de ánimo: cansancio muy fuerte, crisis de sueño (de estas que te vienen y te quedas dormida de pie), abatimiento, ninguna gana de hacer nada, tristeza, desánimo… Eso ha hecho del primer trimestre una etapa eterna y me ha influido mucho en el día a día.

A partir de finales de la semana 10 y durante la semana 11 empecé a encontrarme mejor en ratos más largos y tanto las náuseas como las arcadas se comenzaron a espaciar en varios días.

En la semana 13 me volvieron las energías y el estado de ánimo mejoró.

En la semana 14 tuve varios días de encontrarme fatal, como un repunte, pero ahora mismo me siento bastante bien y creo que esa etapa quedó atrás, dando la bienvenida a achaques nuevos y más propios del segundo trimestre.

 

¿Qué diferencias ha habido entre el primer trimestre de mi primer embarazo y el primer trimestre de mi segundo embarazo?

Pues unas cuantas:

– En el embarazo de mi hijo estuve bastante fastidiada, casi con total seguridad por el efecto devastador que me provocaba la progesterona tomada por vía oral.

– Esta vez he manchado y en el embarazo de mi hijo se puede decir que no. Realmente si hubo un día que manché una micro-gota rosada en la semana 8 pero casualmente fue el mismo día en que intenté ponerme la progesterona vaginal así que no suelo contarlo como manchado.

– En el embarazo de mi hijo tuve muchas molestias de estómago, además de naúseas, por lo que tomé Cariban y era incapaz de comer. Todo lo contrario que ahora, que siento mucha hambre todo el tiempo y no dejo de tener antojos a diario.

– En el embarazo de mi hijo estuve fatal del asma desde el primer día, prueba de ello es que visité Urgencias por ese motivo por primera vez ya con 8 semanas de embarazo. Ahora, toquemos madera, me encuentro muy bien del asma y de momento he reducido mi medicación diaria y no he necesitado tomar Terbasmin ni una sola vez.

– En el embarazo de mi hijo tuve dolores de regla en los primeros días y esta vez no. En ambos he sentido muchos gases pero en el primer embarazo fueron realmente desagradables, incluso dolorosos, especialmente por las noches.

– Esta vez prácticamente no me ha dolido nada el pecho mientras que en el primer embarazo me dolía tantísimo que me molestaba incluso al andar, aunque estoy convencida de que era otro efecto secundario de la progesterona vía oral. Curiosamente, el mayor aumento de mamas se ha dado en este embarazo, casi desde el primer día, y tengo ya la misma talla que tenía cuando me subió la leche tras dar a luz.

– En el embarazo de mi hijo no me dolió nunca la espalda y sin embargo ahora sí que me duele y estoy así desde las primeras semanas. Me duele la parte baja, casi el culo, y hay momentos, sobre todo a última hora del día, que casi no me puedo ni mover del pinchazo que me da.

– Esta vez sí que tengo tripa, aunque sea discreta. El primer trimestre del embarazo de mi hijo lo cerré con una tripilla tamaño guisante que era únicamente visible a mis ojos y a los de mis pantalones. En este caso, con 6 semanas ya había desistido de intentar abrocharme ningún pantalón y con 12 semanas tenía una tripa muy similar a la que tenía rondando los cinco meses del primer embarazo. Que nadie se asuste, ya digo que no tengo un buen bombo, pero es que con mi hijo tuve muy poca tripa y me salió muy tardíamente. El proceso esta vez va más deprisa.

 

¿Alguna similitud entre ambos trimestres del primer y el segundo embarazo?

– En ambos casos sustituí casi de inmediato mis síntomas de alergia por la famosa rinitis gestacional. Que será muy incómoda, pero la prefiero cien mil veces a los picores de nariz, garganta y boca, estornudos constantes, llorera de ojos y afectación asmática de la alergia

– Desde el primer momento he notado un claro aumento del flujo vaginal, más abundante conforme pasan las semanas.

– Algún que otro sangrado de encías y aumento de salivación.

– Hacer pis a todas horas. Aunque creo que esta vez está siendo más espectacular, salir a la calle a dar un paseo hace que al cabo de una hora máximo tenga que volver a casa corre que te corre para no hacérmelo encima.

Pesadillas y sueños raros. Casi todas las noches.