Segundo fin de semana que estoy mala. Pero éste me ha dado bien fuerte, con placas en la garganta, fiebre, mareos, dolor muscular…
Una de las primeras cosas que descubres cuando eres madre es que si hay que caer enfermos, las posibilidades de que ocurra en fin de semana son cercanas al 90%. Ley de Murphy, sin duda. 
En principio, caer malo en fin de semana tiene muchos inconvenientes, el más evidente que los ambulatorios están cerrados y si necesitas de un médico tendrás que ir a Urgencias sí o sí, con todo lo que eso supone. Digo en principio porque en mi ambulatorio llamas un viernes para pedir cita y, con suerte, la consigues para el miércoles. En pediatría funcionan algo mejor pero eso de que te vean en el día es impensable. Así que, de todas formas, como te pongas muy malo, es más que probable que acabes en Urgencias, que además en mi ambulatorio ponen muchísimos problemas para atenderte cuando no llevas cita, así de majos que son…
Para mi, lo peor de ponerse malo entre semana es la falta de ayuda. Pido a Dios no ponerme nunca tan mala como he estado este fin de semana en día laborable porque no tengo ni idea de cómo me hubiera podido apañar. Ayer ni podía levantarme de la cama, aunque hubiera querido hubiera sido imposible.
Así que, sí, es verdad que ponerse malo en fin de semana te estropea el plan pero si hay que ponerse malo, lo prefiero con creces. Tengo a mi marido en casa, tengo a mis padres disponibles y dos días por delante para recuperarse.
A ver si mañana puedo recuperar la normalidad…