Cuando estaba embarazada, me preocupaba mucho el tema de la postura del bebé a la hora de dormir. En mi escaso conocimiento práctico de cómo era un recién nacido (porque leer había leído mucho pero verlo en directo, más bien nada), creía que se movían constantemente y cambiaban de postura con facilidad. Por supuesto, nada más lejos de la realidad; no tardé ni dos semanas en bautizar cariñosamente a mi hijo como “saquito de patatas” porque tal como le dejabas, así se quedaba hasta que volvía a despertarse.
Había comprado, incluso, un chisme de estos que sirven para mantenerlos sujetos e impedir que se volteen. Lo tengo sin estrenar, con eso lo digo todo.
Una vez que nació mi bebito, el tema de las posturas para dormir se me olvidó completamente. Bueno, no es que se me olvidara, sino que no me preocupaba en absoluto.
Conozco una chica que no pierde ocasión cada vez que nos encontramos para darme la matraca con la muerte súbita y lo muy obsesionada que estuvo ella con el temita. Estos comentarios siempre me parecieron de pésimo gusto porque aunque a mi no me preocupara excesivamente el tema (¡raro en mi!), no podía evitar sentir cierta congoja, sobre todo porque ella lo decía con la tranquilidad de que su hijo ya era mayor pero ¡yo tenía un recién nacido!. Poca vista la suya, vamos.
No quería sacar el tema a relucir, pero viene al caso porque la obsesión por la postura en la que duermen los bebés viene de la tan repetida indicación de que los bebés deben dormir siempre boca arriba. 
En nuestro caso, el bebito ha dormido boca arriba los seis primeros meses sin tener que hacer nada. Simplemente acostarle boca arriba y punto. Como mucho se ponía de lado, pero nada más. 
El primer mes sí que intentábamos colocarle la cabeza alternando a un lado y a otro pero era imposible. Él quería dormir con la cabeza hacia su derecha y aunque se la pusiéramos para la izquierda, él la giraba automáticamente. ¡Para que luego digan que no tienen fuerza en la cabeza!. Yo llegué a pensar en algún momento que podría pasarle algo en el cuello, pero no tenía nada de nada, sólo que le gustaba esa postura y punto, un día se le pasó la costumbre y listo.
Con cinco meses largos empezó a adquirir más movilidad y en sus múltiples “rulos” por la cuna, alguna vez acababa boca abajo. Esto provocaba que me tuviera que levantar varias veces cada noche porque me llamaba para que le devolviera a la posición boca arriba, que le gustaba más, pero a la que no sabía volver (ya comenté en su momento que tuvo una racha en la que se le había olvidado por completo voltearse de boca abajo a boca arriba).
De un tiempo a esta parte, pongamos que desde los siete meses y algo para acá, adopta unas posturas de lo más extrañas para dormir y, frecuentemente, me lo encuentro boca abajo. 
Las primeras veces que me lo encontré boca abajo yo cogía y con mucho cuidado lo volvía a poner boca arriba. Al rato, por supuesto, lo volvía a encontrar boca abajo. Esta operación la repetí un par de noches y después me di cuenta de lo absurdo de la cuestión. 
Yo creo que cuando un bebé ya tiene fuerza, habilidad y movimiento suficiente para colocarse el solito boca abajo e ir cambiando de postura durante la noche, no tiene sentido preocuparse porque se pueda asfixiar. Además, siempre he pensado que la asfixia no es muerte súbita, aunque se meta en el mismo saco.  De todas formas, cuando ya sobrepasan el primer semestre y empiezan a moverse tanto, incluso habiendo ropa de cama, yo he visto a mi bebito quitarse de la cabeza sábanas, toallas, baberos, con total destreza. Aún suponiendo que se enganchara y no pudiera soltarse, los berridos que pega mi hijo despertarían al bloque entero. Por supuesto que hay que estar alerta y yo no dejo nada en la cuna que sea peligroso (además de que duerme con saco) pero yo creo que esto no debe ser motivo de obsesión.
En definitiva, si él se cambia de postura en la cuna 20 veces en una noche será porque en cada momento busca la que más comodidad le proporcione. No voy a ser yo la que vaya detrás a cambiarle al pobre de esa postura tan cómoda que acaba de encontrar… que, de todas formas, a cabezón no le gana nadie y cómo él haya decidido que quiere dormir así, quiere dormir así.
Y es que hay veces que me pregunto cómo puede estar cómodo en esas posturas tan raras que elige. En la silla del coche a veces le veo por el retrovisor que va dormido doblado sobre sí mismo, hecho un sándwich. He llegado a parar a mitad de camino para que incorporara la espalda y, nada, él quería seguir durmiendo doblado y ¡no había forma!. Ahora le llamo “niño-melón” por lo tozudo que es.
La única excepción que hago con el tema de las posturas es cuando me lo encuentro a los pies de la cuna o con un brazo entre los barrotes, porque ahí sí que veo que se puede hacer daño, sobre todo con lo bruto que es él. 
Desde que le dejo tranquilo le veo unas posturas a cada cual más graciosa. La que utiliza muchas noches en las primeras horas es la que yo denomino “postura CSI” porque parece que le han disparado por detrás: completamente boca abajo, con los brazos y los pies en cruz.
¿Qué me contais? ¿Cómo duermen vuestros bebitos?.