¿Cómo es el postparto cuando tienes dos niños mayores?

Contra todo pronóstico, de mis tres postpartos, este que estoy viviendo ahora está siendo el más equilibrado.

Mis dos postpartos anteriores

Con Mayor entré en una especie de euforia postparto que, aunque me hacía sentir muy bien, era bastante irreal. Me vino bien para no sufrir demasiado por la lenta recuperación de la cesárea y para olvidar el terrible embarazo que habíamos tenido pero al mismo tiempo me atrapó en una nube de algodón de azúcar que, ahora con el tiempo, no me gusta demasiado. Creo que un poco más de realidad me habría venido genial para afrontar mejor la realidad de la crianza, que no siempre es sencilla. Por ejemplo, ahora estoy segura de que menos euforia me habría hecho gestionar mucho mejor las dificultades de la lactancia… en lugar de eso, mi happyflowerismo me llevó a terminar con lactancia artificial exclusiva porque total, qué más daba, para qué sufrir… En fin, cosas del primer hijo.

Con el Peque tuve baby-blues. O depresión postparto, porque me duró meses, no semanas. No fue algo terrible, y yo sabía que estaba bajo ese efecto, pero igualmente no fue bonito. Lo cierto es que las circunstancias no fueron las mejores, empezando por lo muchísimo que sufrió Mayor con la llegada de su hermano. Pero aún con razones, pasar un postparto así no deja de darme cierta penilla.

 

Mi tercer postparto

Como decía, creo que éste está siendo el postparto más equilibrado porque estoy muy feliz pero sigo teniendo los pies en la tierra.

Por ejemplo, ahora no tengo esa sensación de que el mundo gira a mi alrededor como me pasaba cuando nació Mayor. Entiendo que la llegada de mi hija es un acontecimiento increíble en mi vida pero también entiendo que para el resto del mundo no significa nada. La vida sigue mientras yo paso horas y horas con ella en brazos, amamantándola.

Me gusta esta sensación porque puedo estar muy enamorada, muy contenta con la bendición que acaba de llegar a nuestras vidas, y al mismo tiempo soy consciente de todo lo demás que sucede a nuestro alrededor.

Igualmente supongo que olvidaré todas estas semanas, porque la etapa de bebé es difícil de fijar en nuestra memoria. Aún así, creo que esta es la vez en la que lo estoy viviendo con más realismo y espero, por tanto, que me deje más huella que las anteriores veces.

 

Un postparto con dos hijos mayores

Tenía bastante miedo a cómo serían las cosas cuando tuviera que cuidar a dos niños y un bebé al mismo tiempo. Y me preocupaba mucho que los niños no lo encajaran bien.

Hemos debido de tener suerte porque ahora mismo creo que tener dos hijos mayores está siendo toda una ayuda:

  • Por un lado, porque están encantados con la llegada de su hermana. Es más, están incluso pesados. Así que nos lo han puesto muy fácil en este aspecto.
  • Por otro lado, tener que seguir ocupándome de ellos, de los deberes, de los horarios del colegio, etc, me hace permanecer muy pegada a nuestra realidad. No tengo opción de dejarme llevar por el enamoramiento postparto simplemente porque no tengo tiempo y porque aunque mi cabeza quiera volar, también está muy ocupada con las decenas de pequeños compromisos y problemas diarios que tener dos hijos nos trae.

Me produce bienestar ver a mis tres hijos, cada uno en su momento evolutivo. Siento que ahora mismo tengo la suerte de poder disfrutar de una visión de la infancia bastante amplia: un recién nacido, un niño que está a punto de dejar la etapa de Infantil para pasar a Primaria (con todos los maravillosos cambios que esto conlleva) y un niño con una personalidad y autonomía cada vez más desarrollada, que en un parpadeo nos llevará camino a la pre-adolescencia.

El cansancio, que creo que es una de las cosas más duras del postparto, de momento lo llevo bastante bien. Por las mismas razones, supongo. Por un lado, la niña pareciera que quisiera molestar lo justo, porque de verdad es que prácticamente ni la hemos oído llorar y tampoco es que se pase toda la noche mamando. Pero es que además los hermanos mayores están colaborando bastante en respetar el tiempo que paso con ella y mi necesidad de descanso, así que normalmente me lo ponen muy fácil si en algún momento quiero aprovechar que ella se ha dormido para dormirme yo también.

La recuperación de la cesárea no está siendo mala, para nada. Y aunque mi cuerpo está muy lejos de ser el que era, puedo ponerme gran parte de mi ropa anterior al embarazo sin que me siente mal del todo así que el aspecto físico también me anima.

Algo que también me ayuda a estar bien es la libertad que siento tras haber estado encerrada casi tres meses. Poder hacer ahora vida normal, salir, entrar, caminar, respirar el aire de la calle, no estar preocupada por el embarazo… Lo valoro muchísimo.

Pero no me llevo a engaños. El Peque también llegó de manera muy discreta y a partir de los 3 meses fue cuando empezó a hacerse notar, durmiendo mal mal mal (muchos lo recordaréis) y con teta y brazos a tope. El cansancio, que ahora llevo bastante bien, es algo que puede hacer mella en cualquier momento, porque se va acumulando. Y también el estrés. Porque tener un bebé, por mucha experiencia que tengas, es una fuente de dudas y desvelo constante, que si lo sumamos a lo que yo ya tengo sobre mis espaldas… pesa.