Pensaba publicar hoy un post bastante más interesante que este, os pido disculpas, pero es que tengo un cabreo que no me tengo. Como “los hechos de autos” ocurrieron ayer, pensaba que a estas alturas ya se me tendría que haber pasado el disgusto, pero es que vengo quemada de atrás y lo de ayer fue la gota que colmó el vaso.

Que en la peluquería nunca o casi nunca hacen lo que les pides, que es complicado salir de allí a tu gusto, es algo que decimos casi tod@s. Pero bueno, puedo entender que las mujeres somos algo complicadas y es difícil comunicar exactamente lo que tienes en mente, aunque muchas veces es que ni llevando una foto consiguen hacer lo que esperas. Yo ya lo he asumido, por ejemplo, tengo claro que el flequillo me lo corto y me lo peino yo en casa y punto porque nadie me lo deja como yo quiero, pues ya está, ¡qué le vamos a hacer!

Pero, en serio, ¿es tan tan tan difícil cortarle el pelo a un niño? ¿es tan difícil dejarle el pelo a un niño tal y como la madre te ha dicho cuando, además, lo único que tienes que hacer es recortar un poco manteniendo el peinado que lleva?

Ayer por la mañana desgraciaron el pelo a Mayor. Otra vez. Porque si sólo fuera una vez, vale, todos nos equivocamos, quizá yo no me expreso bien, en fin, todo puede ocurrir. Pero es que desde que decidimos dejarle el pelo medio-larguito, con flequillo, hemos sufrido un crimen capilar tras otro y ya hace más de un año desde que decidimos cambiarle de peinado.

Al principio le llevaba a la peluquería a la que yo voy. De las tres últimas veces, dos se lo cortaron a tazón. La primera vez aluciné en colores porque yo pensaba que ese corte de pelo no se llevaba desde que yo era niña y los niños de mi clase querían ser como Schuster. La segunda vez le dije claramente a la peluquera que NO quería el pelo a tazón e hizo igualmente oídos sordos. La tercera vez le dije que quería el pelo escalonado y que no le tocara el flequillo. Esa vez fue la peor de todas porque le dejaron el pelo rapado como si fuera a hacer la mili y el flequillo, de tenerlo por las cejas, se lo dejaron a ras del nacimiento del pelo. El niño en la peluquería hizo amago de llorar pero se esperó a casa, donde no paraba de llorar delante del espejo diciendo: mamá, me han dejado calvo, dónde está mi pelo, ¡yo quiero mi pelo como antes!

Ni qué decir tiene que después de ese rapado a lo Teniente O’Neil en un niño que tenía el pelo precioso (sí, soy su madre, pero creo que es objetivo que tiene el pelo muy bonito), no volví a llevarles. Vamos, es que el niño tampoco hubiera querido volver.

Probé con el pequeño en otra peluquería y le dejaron la nuca a la altura de las orejas. ¡No exagero! Así que al pequeño empecé a cortarle el pelo yo en casa, que como su corte no tiene nada de particular, lo dejo a mi gusto y si hago alguna picia a la velocidad que le crece en cinco días no se nota.

Pero como Mayor tiene el pelo medio-largo, no me atrevía a meterle la tijera yo misma así que ayer volvimos a la “peluquería del pelo de la nuca a la altura de las orejas”. Le dije a la peluquera: déjaselo como lo lleva pero más corto, hay que quitarle sobre todo de atrás y de los lados, el flequillo un pelín nada más. Y empezó bien, de la parte de atrás no tengo queja. Pero en un descuido que estaba con Bebé la veo el tajo que le estaba pegando a la parte de arriba y aunque grité ¡nooooo! El daño ya estaba hecho. No le ha dejado el flequillo a ras como la bestia de mi peluquera pero sí le ha cortado 3-4 dedos de más. No se lo ha quitado por completo pero casi.

Como grité de horror y le dije que no lo tocara más (y ya me mordí la lengua porque me puse hasta colorada del disgusto) encima lleva un trasquilón. Porque si la dejo que se lo iguale, le deja por completo sin flequillo.

El corte de ahora no tiene ni pies ni cabeza. La parte de atrás y laterales están bien, tirando a larguitos, y la parte de delante está ridículamente corta. ¿Por qué? Pues no lo sé, no tiene sentido. Su corte, se ve a la legua, va ligeramente más largo por delante, para mantener el flequillo. Es de sentido común.

Como yo soy mucho de psicoanalizarme, pensando en por qué estoy tan enfadada encuentro dos motivos:

El primero, porque como siempre creo que las cosas no son culpa de uno, entiendo que soy yo que no dejo las cosas suficientemente claras. No sé qué parte de mi mensaje no captan, pero algo falla. A la próxima le pediré que repita conmigo “no voy a tocarle el flequillo al niño” para comprobar que me ha entendido.

El segundo motivo es que en un par de semanas les van a hacer en el cole las fotos para “la orla”, ya que este año es el último de Infantil. Y el pobre va a salir con ese pelo horrible con el que está bastante feo. Que es una tontería, pero esa foto es un recuerdo para toda la vida y va a salir con el corte de Calimero, con lo guapo que estaba antes de cometer este crimen. ¡Me siento fatal por él!

Sinceramente, no sé si va a haber próxima vez. Creo que cuando le vuelva a crecer voy a probar a cortárselo yo en casa. Peor no me puede quedar.

¿Alguna más ha sufrido algún crimen capilar en sus hijos?

Foto | Andrew Seaman en Flickr CC