Mi casa parece un hospital. Acumulo más medicamentos en mi cocina que comida. 
Las cosas andan regular solamente.
El bebito ha tenido un día lleno de altos y bajos. Los ratos buenos parecía como si estuviera bien, pero han durado muy poquito. La fiebre es algo más baja (no ha llegado a 39) y algo más espaciada (los picos vuelven a ser cada 4-5 horas), pero no desaparece. Está muy cansado, tiene mala cara, los ojos rojos y pequeños, ojeras y el pulgar machacado de tanto chupárselo. Ha comido bastante poco pero ha bebido bastante, algo que me tranquiliza. Y ahora está durmiendo, parece que algo más tranquilo que anoche, aunque con fiebre igualmente.
Su padre y yo acabamos de comunicarnos mútuamente que nos encontramos mal, con síntomas de estar incubando algo. Resulta irónico cuando yo todavía no he terminado de tomar mis antibióticos por el pedazo de catarro con el que empecé el fin de semana pasado y aún no he soltado. Quiero pensar que, al menos yo, no he cogido un nuevo virus sino que tengo, simplemente, un agotamiento del 15. Porque como caiga yo con el virus este que tiene mi hijo sí que la hemos liado buena.
Cuarto fin de semana de enfermedades varias en esta casa. ¡No tengo ya ni ganas de quejarme!.