Siempre digo que tengo dos niños en casa. Y no lo digo por decir.
Mi marido disfruta muchísimo jugando con el peque, lo cual es estupendo, desde luego, pero no mide en absoluto el nivel de excitación, ni la dureza del juego, ni los potenciales riesgos. A estas alturas no me cabe la menor duda de que mi nene se lo pasa infinitamente mejor con su padre que conmigo, normal, yo es que no tengo por costumbre practicar jueguecitos de riesgo, lo más arriesgado que he hecho ha sido ayudarle a dar unas volteretas, con la ayuda de otra persona, en Baby Deli y eso con muchas reservas. Es comprensible, entonces, que en cuanto mi marido entra por la puerta, mi hijo se vuelva loco y no le deje ni quitarse la ropa para que juegue con él.
No son pocas las veces que digo: “cariiiiii, baja el ritmo, esto va a acabar con uno de los dos llorando, ya lo verás“. Supongo que es el típico discurso de madre que todo el mundo se pasa por el forro… Lamentablemente, suelo tener razón. No es nada raro que en el rato en que mi marido y el niño juegan éste pobre se pegue varios golpes, de los que suelen derivar chichones más o menos voluminosos, cardenales, arañazos…
Hasta el momento, el que acaba siempre llorando es mi hijo. Hasta el momento, sí, porque el que ha salido hoy mal parado, muy mal parado, ha sido mi marido.
No se le ha ocurrido nada mejor que dejarle jugar a mi hijo con un artilugio de estos (que para quien no sepa lo que es, aclaro que sirve para darse un masaje en el cuero cabelludo):
Supongo que todas las madres presentes que acaban de ver esta foto de un sólo vistazo ya han localizado los riesgos, ¿no?. Yo estaba en el baño y tenía ganas de intervenir en el juego, pero luego me siento tan plasta en el papel de madre coñazo que me limité a mi ya habitual “uno de los dos va a acabar llorando“.
Efectivamente. Oigo “ayyyyyyyyyyyy“, entro a la habitación y me encuentro a mi hijo saltando por la cama, feliz de la vida, y a mi marido tirado en el suelo, sangrando por un oído.
Toda la mañana en Urgencias. Diagnóstico: perforación de la membrana que une el oído medio con el oído externo. Le han puesto una pomada, un tapón en el oído, antibióticos y el lunes tiene que ir al otorrino, a ver cómo evoluciona. 
Por favor, padres arriesgados del mundo, un poquitín más de cuidado, ¡¡¡que los accidentes ocurren!!!!.