Después de una semanita bastante mala, hoy, por fin, hemos podido dedicarnos a una actividad lúdica y oxigenante. La semana pasada no pude retomar las clases de Baby Deli porque estaba fatal de la contractura del cuello, pero hoy tenía claro que saldríamos como fuera. ¡Qué gran acierto!.
El niño se lo ha pasado en grande y yo también. Ha sido una carga de pilas, de tranquilidad y de paz inmensa. Después de que ayer un tipo sin ningún miramiento catalogara al niño casi de anormal y poco menos que me diera el pésame, verle jugar y comportarse hoy con total normalidad era justo lo que necesitaba. Hemos estado con otro bebé, compañero habitual, que es unos días mayor que él, y, francamente, me reitero en que, de tener algo, no es preocupante. Estoy segura de que la otra madre se quedaría con la boca abierta si le comentara todas estas cosas que me han estado pasando esta semana.
¿Me hacía falta la comparación?. Pues sí, a estas alturas en que ya dudo hasta de mi nombre, sí que me hacía falta verle al lado de otro niño de su misma edad para comprobar que están todos por estilo. ¿Eso cambia las cosas?. Objetivamente hablando, no. Es decir, lo que yo percibo de mi hijo sigue ahí y seguirá ahí mientras yo no vea que se modifique. Pero esto ayuda a centrar el tema, a ser más racional y que no se me vaya la cabeza.
Tengo que agradecer a Valentina, de Baby Deli (las que estuvisteis en la quedada seguro que os acordais de ella), lo fantásticamente bien que se está portando conmigo, toda su preocupación y su apoyo. Después de la clase, sin yo decir nada, se ha acercado a mi para comentarme ¡qué el niño está estupendo y que la clase ha ido fantástica!. Yo he respirado de alivio, qué bien me he encontrado…
Gracias a todas las personas que me habéis dejado comentarios y me habéis mandado mails, no me cansaré de decir que es una de las mejores cosas que me ha traído escribir el blog.
¡Da gusto empezar el fin de semana con optimismo y no cómo me encontraba ayer!.