Me ponen mala los toqueteos. De las primeras cosas que comenté en este blog fue mi punto de vista acerca de por qué no se deben tocar la manos de un recién nacido. Con el tiempo lo voy sobrellevando porque no es lo mismo un recién nacido que un bebé de seis meses. Pero es que ahora no sólo le tocan las manos. Ahora le tocan las manos, las mejillas, la cabeza, los pies… la cuestión es sobar al niño. Eso si no te lo quitan de las manos a la primera de cambio.
Ya sé que los mediterráneos somos así, muy sobones, invasores del espacio vital de los demás pero yo no puedo con ello. Para mi un bebé es sagrado, no se debe manosear ni coger, salvo que los padres te den permiso y, aun así, con mucho cuidado.

Los pocos bebés que he conocido en estos últimos años los he adorado siempre en la distancia. Para babear y ver lo preciosos que son no hace falta toquetearlos. ¿He sido yo la única niña a la que no le gustaba que la obligaran a dar besos a desconocidos o que cualquier señora viniera y nos sobara el pelo o la cara?. A nadie le gusta que le invadan su espacio vital.
Por no hablar de la cuestión de higiene, que ya lo dije en su momento, no es cuestión de que el niño viva en una burbuja, pero tampoco es cuestión de que el niño acaba tragando guarrería que no tiene por qué tragar.
Que manda h* que mi madre nos pida permiso para coger al niño, después de haberse lavado las manos, y cualquiera de la calle le sobe la cara a saber con qué manos y con qué uñas.
Pero nada, no hay manera, el sentido común no abunda, así que lo habitual es que cada dos por tres alguien meta mano al carro para tocar alguna parte de la anatomía de mi bebé. Y yo cuando veo esa mano acercarse siempre me dan ganas de decir: