Acabo de ver en el telediario que Heidi Klum vuelve a ser noticia. Hace décadas los telediarios hablaban de cosas serias y resultaba interesante verlos. Hoy en día no hay ni un sólo informativo que no dedique al menos una de sus noticias a sacar tias en bolas, cuanto más pendonas, mejor. Y la tía buena de hoy es, de nuevo, Heidi Klum.
Que conste que a mi esta chica me cae bien y el hecho de que vaya por su ¿cuarto? hijo tiene mucho que ver en ello. Que se gane la vida explotando su imagen y su cuerpo no me parece mal, ya que está de buen ver, que lo aproveche.
También vaya por delante que no entiendo cómo es posible que el desfile de Victoria’s Secret sea noticia en los telediarios de nuestro país, o el calendario Pirelli o, en este caso, la recopilación de fotos en pelotilla picada de Heidi. Si no es para calentar al personal masculino, no veo otra razón para que aparezcan en un informativo diario.
No veo por qué tengo/tenemos que asumir el papel que con tanta naturalidad se nos da a las mujeres en televisión. Parece evidente que la que no está buena, la que no tiene unas buenas tetorras (sean operadas o no), no vale nada. Si no, ¿por qué está tan de moda Sara Carbonero? ¿Por lo buena periodista que es?.
Que la mujer es un objeto sexual en los medios de comunicación (y en la vida real también, aunque parezca que no) no me parece nada novedoso y casi me he acostumbrado a vivir con ello.
Pero como madre reciente, me indignan los comentarios de “Heidi Klum, espectacular x semanas después de haber tenido a (número x) hijo”:
  • Que Heidi Klum esté fantástica después de haber tenido su cuarto bebé no convierte a las demás mujeres del universo que se quedan fondonas en unas vagas fofas, poco preocupadas por su aspecto. De hecho, Heidi Klum dió a luz después que yo y cuando la ví como estaba antes de dar a luz, estaba mucho más hinchada y gorda que yo (por cierto, que resulta sospechoso que se desinflara en tan poco tiempo, cualquier diría que, además de dar a luz, se ha sometido a algún retoque). Pero, claro, mi preocupación, y la de cualquier madre normal después, es la de recuperarme física y mentalmente lo antes posible y, sobre todo y ante todo, cuidar de mi bebé.

  • Ponerme a dieta tras 9 meses alimentándome de pescados y carnes resecos a la plancha y fruta y verdura que no soporto no es una opción. Ni creo que lo sea para ninguna madre reciente medio normal.
  • Ponerme a hacer una tabla de ejercicios diariamente con un entrenador personal tampoco se me pasa por la cabeza. No tengo ganas, no tengo tiempo, no tengo dinero y no tengo a nadie que cuide a mi hijo mientras tanto.
  • No me siento obligada como mujer (ya no hablo como madre) a estar estupenda y con unos abdominales envidiables x semanas después de dar a luz, porque he albergado dentro de mi a mi hijo, lo he creado con mi propia carne, y creo que eso merece el mayor de los respetos. Creo que no hay nada más bonito que los recuerdos que la maternidad deja en nuestros cuerpos.
  • Me pregunto qué harían cualquiera de estas modelos si les tuvieran que hacer una cesárea. No les iba a quedar la cicatriz muy estética en sus sesiones de desnudos o con esos nano-tangas con los que desfilan. ¡¡Qué gran drama!!.
  • No tengo nada que más que salir a la calle para comprobar cuántas mujeres se echaron 20 kilos en el embarazo y no se los han quitado nunca de encima. Dicen que el mal de muchos es consuelo de tontos, pero yo no lo creo. Cualquiera que salga a la calle encontrará madres normales, madres guapas, madres gordas, madres esqueléticas…madres de todo tipo, porque somos mujeres normales y corrientes y las modelos no representan el “estándar” de mujer normal.
  • No ser “una tía 10” no se debe, solamente, a que no hagamos dieta y/o ejecicio. Se me ocurren más de veinte razones genéticas: altura, complexión física, metabolismo, una nariz bonita, buen pelo, piernas largas, buenos embarazos… Aunque cualquier a de nosotras nos buscáramos un entrenador personal que nos pusiera a dieta y nos hiciera sudar la gota gorda, nunca seríamos modelos. Yo no iba a crecer 20 centímetros, ni iba a tener una nariz o unos dientes más bonitos, unos pechos más grandes, unas piernas más largas, unos tobillos más finos…

Cualquiera de las mujeres que me leais podeis pensar en otros argumentos que me haya dejado en el tintero. No sé por qué ha llegado a imponerse ese modelo de mujer en la sociedad pero, desde luego, no debemos dejar que nos hagan sentir mal por no responder a ese patrón.

La reflexión de un autor anónimo: la belleza es efímera…pero la silicona es eterna.