Lo que voy a contar hoy lo saben apenas dos personas. Ni nuestra familia lo sabe.

Por el título ya os lo imagináis. No es lo mismo NO QUERER tener hijos que NO PODER tenerlos.

Pues eso, en algún momento pasado el verano de 2015 mi marido y yo dejamos de tomar precauciones. No tanto porque quisiéramos tener un hijo sino porque, siendo realistas, parecía realmente absurdo tomar precauciones si no había nada que temer.

Él estaba absolutamente convencido de que si ya nos resultó complicado tener a nuestros peques, las opciones que teníamos pasados estos años eran nulas. Yo, francamente, no lo tenía tan claro. Siempre le dije que bastaba con que un sólo espermatozoide alcanzara su destino y que, estadísticamente, opciones existían. Que podíamos tardar mucho, muchísimo, pero que considerando los años de fertilidad que aún tengo por delante, me parecía muy complicado que nunca jamás fuéramos a embarazarnos.

Bien, aquí estamos, un año y medio después. Ni rastro de embarazo. Es más, ni rastro de embarazo, unos ciclos a cada cual más locos y un montón de granos ya de mujer adulta que son los que, indirectamente, me han llevado a escribir este post.

Me explico. Después de acudir a varios dermatólogos, todos coinciden en que mi acné adulto es claramente hormonal. Y que la primera indicación para esto es tomar una píldora anticonceptiva con efecto androgénico. Más que nada porque tratamientos cosméticos hay muchos pero los granos siguen saliendo porque no detenemos su origen. Y yo de cremas estoy ya muy harta, que cremas buenas hay muchas, pero de nada sirven si a la que te curas unos granos tienes otros en formación.

Yo tenía la creencia de que pasada cierta edad no se recomendaba tomar la píldora, pero parece ser que esa idea mía ya está desactualizada y que podría tomarla perfectamente, incluso hasta la menopausia.

El caso es que, para tomar la píldora, tendría lógicamente que ir al ginécologo, lugar por el que no piso… pues no sé, pero quizá desde la última revisión postparto, pongamos que haga tres años.

Pensando en qué le voy a decir, en qué decisión tomar, quería compartir hoy algo que no siempre es fácil de explicar: No es lo mismo NO QUERER tener hijos que NO PODER tenerlos.

 

NO QUERER tener hijos

Ni mi marido ni yo tenemos anhelo de tener un tercer hijo. De hecho, dada nuestra situación, parece más bien una locura que otra cosa. Parece hasta lo más razonable.

Pero es cierto que hace tiempo que ya no se me ponen los pelos como escarpias como me pasaba antes. Y que durante un tiempo soñé con la idea de, por una vez en la vida, traer un bebé al mundo sin sufrir por quedarme embarazada. Me parecía muy bonito poder dejar de tomar precauciones y que un día, de pronto, llegara, como siempre he supuesto que le pasa a la gente normal, esas parejas que se embarazan como si tal cosa, como la cosa más natural del mundo… que es lo que debería ser.

Así que yo no diría que no queremos tener más hijos. Tampoco diría que queremos tener otro hijo. Diría que no queremos evitar tenerlos. Lo que viene a ser lo mismo que dejar todo en manos del destino. Llamadme romántica pero me parecía bonito.

 

NO PODER tener hijos

Pues bien, lo que pasa cuando pones tu vida en las manos del destino es que el destino te trae lo que le parece oportuno.

Año y medio después de no hacer nada es evidente que no podemos tener hijos sin ayuda. Y si me tomo la píldora, aunque sea por algo tan anecdótico como el acné, no los tendremos jamás.

No voy a decir que estoy súper triste por no tener un tercer hijo porque no es cierto. Pero obviamente me siento mal conmigo misma, con nosotros. Con el hecho en sí de la infertilidad.

 

No es lo mismo NO QUERER tener hijos que NO PODER tenerlos

No es lo mismo tomar una decisión que encontrarte con que la vida decide por ti.

Como ya conté en su día, si la infertilidad primaria es durísima, la infertilidad secundaria directamente es invisible. ¿De qué te quejas si ya tienes un hijo? suele decir la gente.

Haber tenido un hijo, haber tenido varios, no te consuela si no puedes tener más hijos. Porque tener hijos es natural en una pareja sana y en edad fértil. No tener hijos es natural en una pareja que no quiere tenerlos y utiliza métodos anticonceptivos. Lo que no es natural es no tener hijos cuando tienes relaciones sexuales con normalidad y frecuencia todos los meses. ¡Lo normal es quedarse embarazada!

Cuando no puedes tener hijos te sientes enfermo, sientes que tienes una tara, un defecto, que hay algo en ti que no funciona. Que lo que los demás hacen de manera normal tu no puedes hacerlo. Que ya no eres capaz de crear vida porque algo dentro de ti está roto.

Ves pasar los embarazos a tu lado y te sientes estropeada, vieja, ridícula incluso.

Creo que hubiera sido todo más fácil si nunca hubiéramos tomado la decisión de dejar de tomar precauciones. Nos hubiéramos quedado con la duda al menos. Hubiéramos dicho: nosotros no quisimos tener más hijos. Porque de este modo jamás podremos decirlo. Diremos: no pudimos tener más hijos. No fue nuestra decisión. Nos haremos mayores y sabremos que si no tuvimos más hijos fue porque no pudimos.

 

Cuando tienes hijos y te sientes vulnerable

Es chocante cuando tienes hijos y te sientes vulnerable, cuando te das cuenta de que nunca serás el héroe que ellos creen que eres.

Aunque este no es el motivo principal, sí que es uno de las razones por las que he empezado el año mal anímicamente. Ser consciente de que nosotros no podemos tener hijos como los demás me hace sentir tremendamente débil, frágil, quebrada. Sonreír sin ganas cuando la gente insinúa sobre un tercero. Hacer como si nada cuando los niños hablan de tener un hermanito. Saber que nuestro amor, de algún modo, es imperfecto. Preguntarte ¿por qué? ¿por qué a mi? ¿por qué a nosotros?