Uno de los temores que tienen los padres primerizos antes del nacimiento de su bebé es el pánico a no dormir durante días, semanas o incluso meses y no poder hacer frente a tanto cansancio.

Tengo la suerte de no ser una persona dormilona, al contrario que mi marido. De hecho, he atravesado etapas de mi vida en las que no he dormido más de cinco, seis horas diarias, y me encontraba perfectamente.

Aún así, confieso abiertamente que desde que tengo a mi bebé he descubierto por qué se dice que dormir es una tortura china.

Mi niño llora poco y cuando lo hace es casi siempre por los tremendos gases que tiene. Duerme bastante bien y casi siempre durante las horas nocturnas. Pero, a pesar de ello, nunca en mi vida me había sentido tan abrumada por el sueño y tan desesperada a la vez por necesitar dormir y no poder hacerlo.

Las primeras semanas mi niño lloraba bastante por las noches, desde las 22h o las 23h hasta las 4 de la mañana, por los dichosos cólicos. Recuerdo una noche que tuve que despertar a mi marido porque, literalmente, se me caía el niño de los brazos. No sé qué sucedió a continuación porque en cuanto se hizo cargo de él, caí fulminada en la cama y no recuerdo absolutamente nada, ni siquiera escuchaba el llanto a grito pelado. Creo que le avisé justo a tiempo, unos instantes más y me hubiera quedado dormida con mi bebé en brazos, dando con el en el suelo.

La semana más crítica fue la tercera semana de vida. Mi marido volvió a trabajar y yo no conseguí quitarme el pijama casi ningún día de los de aquella semana. Ni salía de la habitación. Se me juntaba una toma con la siguiente, mi hijo se encontraba muy incómodo, no dormía nada (en aquel entonces yo apuntaba sus horas de sueño y no dormía más de 10 horas al día, poquísimo para un bebé tan pequeño, y además las dormía en intervalos de 30 minutos, por lo que me era imposible conciliar el sueño), todos los días comía congelados (yo, no el niño, claro)…Fue una semana muy dura.

Afortunadamente, la situación mejoró al mes y he tenido mucha suerte porque, por un lado, mi cuerpo se ha acostumbrado bastante rápido al “cansancio peremne” y, por otro, porque, como os digo, mi hijo mejoró bastante de los cólicos gracias a una leche y a unos biberones especiales.

A día de hoy, suele dormir desde las 23h hasta las 04.00h, toma un biberón y a eso de las 04.45 se duerme de nuevo hasta las 07.00 o las 08.00h. Hay veces que vuelve a dormirse hasta las 10h. No está nada mal, incluso ha habido días que desde las 23h ha aguantado hasta las 05.30h 0 las 06.00h.

A pesar de ello, el no dormir de un tirón más de cuatro o cinco horas mina muchísimo la salud, física y mental. Seguramente habrá algún estudio científico al respecto; estoy convencida de que cuando más me está aprovechando el sueño es cuando mi hijo se despierta para otro biberón, mimos o pañales.

En otras ocasión quiero hablar del insomnio, que ahora estoy padeciendo y que es bastante más común de lo que parece entre madres recientes. Parece paradójico que una persona que tiene tanto sueño y tanto cansancio no pueda dormir, pero así es!!.

En cualquier caso, la moraleja de mi entrada de hoy es que el cuerpo se acostumbra a todo. Incluso el día que piensas que no puedes más con tu cuerpo, siempre puedes un poquito más. Y cada día te vas encontrando mejor hasta que llega un día en el que descubres que lo llevas mucho mejor, estás más organizada, tu bebé más tranquilo y todo va sobre ruedas.

La sonrisa de tu bebé y sus grandes adelantos, que se notan de un día a otro, superan con creces la falta de sueño. Y aunque su sonrisa no pueda combatir las ojeras, te las tapas con un poco de maquillaje y listo.