De entre todos los sueños raros, el de esta noche se ha llevado la palma.

He soñado que iba a poner a mi segundo hijo (que, por cierto, parecía niño) al pecho por primera vez, aunque el bebé tenía un tamaño mastodóntico. Era como un bebé de seis meses pero de esos que abultan el doble que mi primer pequeño, ¡era enorme!. Según le arrimaba a la teta pensaba “verás, verás, verás que bocao te va a pegar, prepárate” y también (esto tiene mucha guasa) “a ver, a ver qué decía Carlos González, que la nariz a la altura del pezón, calcula bien que si no verás que daño te va a hacer“. En fin, que en el sueño, a parte de ser la más torpe de las torpes, tenía bastante miedo al terrible daño que ya conozco que esto hace cuando se hace mal.

Pero, cosas del sueño, en lugar de cumplirse las malas previsiones, el bebé tamaño XXL me sonreía y abría la boca como un túnel de metro y él solito se ponía a mamar como si llevara toda la vida haciéndolo. En shock me he quedado.

Aunque a los sueños hay que darles la importancia justa, creo que éste es representativo de algo que tengo clarísimo: que no tengo ni puñetera idea de la parte práctica de la lactancia. No sé cómo colocar al niño, no sé cómo ayudarle a coger el pecho, no sé identificar si está bien o mal o regular cogido… no sé nada, pero nada de nada. Y cuanto más lo pienso, más dudas me surgen, dudas que no se resuelven leyendo un libro sino de tú a tú con alguien que entienda y que te explique.

Alguien dirá, ¿pero es que no aprendiste nada de la experiencia con tu hijo?. Me temo que no. Yo pensaba que mi bebé lo haría todo él solito y como no hacía nada ni ganas que tenía, yo tampoco supe cómo ayudarle. Así que estoy pez; no como si fuera la primera vez, pero casi.

Menos mal que tiene remedio…