Soy una gran seguidora de la serie Cómo conocí a vuestra madre; si no la habeis visto, os la recomiendo muchísimo. La cuarta temporada, que es la última disponible en español hasta el momento, es sencillamente fantástica.
En el capítulo 4×19, Ted, el protagonista, saca a relucir su lista Murtaugh, una lista de cosas que son imposibles de hacer una vez llegados los 30 (años, se entiende). Barney se empeña en demostrar que puede hacerlas todas en 24 horas sin morir en el intento (y no os cuento el final).
El Murtaugh al que se refiere es el veterano sargento de la saga Arma Letal, que muchos conocereis por su mítica frase “estoy demasiado viejo para esta mierda” (I’m too old for this shit), que en la serie reconvierten en “estoy demasiado viejo para estas…cosas” (I’m too old for this…stuff).
Os dejo el vídeo en versión original del momento de la serie al que me refiero:
Por si sentís curiosidad, la lista comprende:
Ir a trabajar de empalmada.
Comerme una pizza entera de una sentada.
Colgar posters en la pared sin marco.
Ponerme un piercing en la oreja.
Ir a lavar la ropa a casa de mamá.
Quedarme a dormir en el futón de un amigo en vez de irme a un hotel.
Aplazar la cita con el médico.
Beber chupitos con extraños.
Dejar un mensaje de bienvenida en el contestador a duo con otra persona.
Ayudar a alguien a hacer una mudanza a cambio de pizza y cerveza.
Teñirme el pelo de un color divertido.
Ir a una “rave”.
Beber cerveza a través de una manguera con embudo.
El caso es que, aunque yo no he llegado a los 30, ya tengo mi propia versión de la lista, aunque no la haya puesto todavía por escrito.
Y es que desde que me quedé embarazada, inevitablemente, me he hecho un poco más vieja, con mis manías y todo:
  • Siempre he sido propensa a las anginas y aun así iba “despechugada” casi siempre, pero desde que me ingresaron en el hospital, voy a todas partes con el cuello cubierto, incluso la mayor parte del verano, especialmente si voy a estar en sitios con aire acondicionado.

  • Si no duermo al menos 4 ó 5 horas seguidas no soy persona. Si no duermo esas pocas horas del tirón estoy destrozada al día siguiente.
  • Cuando me pongo a limpiar la casa a toda pastilla, al día siguiente tengo hasta agujetas.
  • Llevo todo el invierno remetiéndome las camisetas por dentro del pantalón, cuando yo era de esas que siempre iban con la tripilla medio al aire. Ahora no lo soporto.
  • Me encanta ponerme el pijama si ya no voy a salir más a la calle, aunque sean las seis de la tarde.
  • Llevo todo el invierno con calcetines, hasta para dormir, cuando antes no me los ponía casi nunca.
  • Estoy bajísima de forma. Cada vez que me doy un paseo largo empujando el carrito, vuelvo a casa con las piernas súper cansadas.
  • Hay determinadas prendas de ropa que ya no me pondría. No quisiera ser una “puti madre”, que las hay (sobre todo en Carrefour y con un marido en chandal a su lado).
  • No me pongo tacones desde que me quedé embarazada. No sé si me voy a acordar de cómo se anda con ellos cuando tenga que volver al trabajo.
  • Como no tenga cuidado con las posturas al dar el biberón a mi hijo o cogerle, se me agarrota todo la zona media y alta de la espalda.
  • Ir al médico me da muchísima pereza. No es que antes me encantara ir al médico, pero siempre he tenido interés en cuidarme. Ahora no mucho.
  • Ir a la peluquería me supone un esfuerzo horrible. Tengo que meditarlo durante semanas antes de ir. Antes tampoco me gustaba, pero ahora lo veo como una obligación.
  • Me tomo en serio ponerme cremas de tratamiento. Me pongo contorno de ojos antiojeras.
  • Le estoy cogiendo el gusto a comprar en la galería. Hay más variedad, mejor trato, mejor calidad y, sobre todo, mejores precios.
Lo dicho, que poco a poco he ido cambiando y he ido cogiendo manías nuevas y soltando algunas antiguas. ¡Así es la vida!.