¿Alguien se acuerda de la gripe A? Parece que se la haya tragado la tierra, ¿verdad?. En varios blogs que sigo se ha estado hablando últimamente de su desapareción. Así nos lo cuenta Amalia en su blog Diario de una mamá pediatra.
Resulta irónico. El periodo en el que se estuvo hablando hasta la saciedad de la dichosa gripe, anunciando miles de muertes y adviertiendo de la gravedad de la enfermedad en las embarazadas  y en los asmáticos justo coincidió con mi embarazo. Y cuando di a luz comenzó a descender el interés hasta haber desaparecido por completo. Ocho meses de bombardeo informativo y alerta sanitaria mundial y ahora nada. Muy irónico, desde luego.
Como sabeis, con 16 semanas de embarazo me ingresaron en el Gómez Ulla por una infección de las vías respiratorias, que agravó mi asma. Desde entonces no levanté cabeza y estuve en mi casa de baja. Estando ya en el hospital comencé a oir hablar de la gripe A y recé con todas mis fuerzas para que el asunto no fuera a mayores. No sirvió de mucho, porque el verano estuvo marcado por el conteo diario de muertes, aportando cuantos más detalles mejor para asustar a la población.  Eso sí, los ciudadanos “sanos” se sentían felices por no ser grupo de riesgo (“como no soy grupo de riesgo, a mi plin, los enfermos, que se jodan“).
Mantuve la calma hasta que murió Dalila. Ella estaba embarazada de unas dos o tres semanas más que yo. Y supuestamente era asmática. Cuando se supo que una embarazada de siete meses asmática había muerto, hubo quien se acordó de mi y hasta me llamó. Muy fuerte. Claro, es que yo era grupo de riesgo por partida doble.
No podía creer que estuviera pasando una cosa semejante. No era suficiente con estar tan mal como estaba del asma, encima había una enfermedad mortal acechando en cualquier esquina.
No lo pude controlar, reconozco que se me fue de las manos. De la noche a la mañana perdí los papeles y me encerré en casa. En julio empecé a reducir drásticamente las salidas a la calle. Creo fui a la eco 4D y un día a las rebajas y nada más.
En agosto me encerré y ya no salía más que a pasear a mi perra. Todas las compras que tenía que hacer para el niño se las encargué a mi madre, las que pude las hice por Internet, compraba por Internet hasta los alimentos frescos. Desde principios de agosto hasta que di a luz el 2 de octubre no fui a ninguna parte que no fueran los controles médicos o sacar a mi perra.
Y cuando salía iba cagada de miedo y tomando todas las precauciones del mundo: procuraba no tocar los botones del ascensor ni los pomos con la mano, sino con el codo, o usando un kleenex; me lavaba las manos ochenta veces diarias; no quería ver a nadie, ni siquiera me fiaba de mi marido, que podía coger la enfermedad en el trabajo; si me cruzaba con alguien por la calle me apartaba lo máximo posible.
A día de hoy siento una pena infinita por haber estado así, pero tampoco creo que hice mal. Ahora sabemos que no ha sido para tanto, pero tengo claro que si yo la hubiera contraído estando embarazada hubiera sido grave, porque yo estaba ya muy tocada del asma. Por primera vez en mi vida (y espero que no se repita) sentí que mi vida (y por supuesto la de mi hijo) corría peligro. Esto lo digo completamente en serio, no lo digo exagerando. No se puede nadie hacer a la idea del miedo que da pensar que una enfermedad que no puedes controlar si la contraerás o no está amenazando tu vida justo cuando vas a ser madre. ¡No había otro momento!.
Como os conté, con 36/37 semanas cogí un resfriado y tuve que ir dos veces a urgencias, con riesgo además de ponerme de parto. Os imaginareis el miedo que pasé en urgencias pensando en que me la podían pegar allí. Y eso que en los dos hospitales donde estuve en todo momento me tuvieron “protegida” de la marabunta que esperaba en la sala general…
Después de dar a luz me puse la vacuna. Le di un millón de vueltas, pero me decidí porque mi neumóloga me lo recomendó. Francamente, soy muy consciente de que ni siquiera hoy, cuatro meses más tarde, me encuentro del asma como debería encontrarme. Así que valorando los riesgos, creo que hice bien.
A estas alturas, la credibilidad que tiene la OMS para mi es nula. Y me parece auténticamente deleznable su comportamiento. Quien sabe si todas esas teorías de la conspiración de las farmaceúticas no tenían algo de cierto.
La única conclusión que puedo sacar, si es que se le puede llamar conclusión, es que es horrible vivir con miedo.