En muchos libros y revistas había oído hablar de las charlas que se pueden entablar con un bebé, en su propio idioma de balbuceos y gorgoritos. El mío acaba de aprender nuevos sonidos, como la vocal “e” y algunas consonantes, como la “k”. De vez en cuanto algunos sonidos se acaban convirtiendo en sílabas y palabras con significado en el mundo de los adultos, así que de vez en cuando oímos un oleeeeé e, incluso, hace dos días, ¡sputnik!.
Pero lo más gracioso de todo es escuchar las parrafadas que se pega en su propio idioma, a las que procuramos contestarle, unas veces en su idioma, otras veces en el nuestro.
Clavadito, clavadito, al idioma que hablan los marcianos del spot de Decahtlon del Fitness Cube: