Quiero muchísimo a mi abuela paterna.
Cuando yo nací hacía muy poco tiempo que mi abuela acababa de quedar viuda, además siendo muy joven, tenía 54 años. Se volcó totalmente conmigo y ayudó mucho a mis padres, que en aquel entonces trabajaban mañana y tarde. Me recogía en el colegio, siempre me traía una merienda riquísima con su zumo de naranja natural y todo, o me la compraba en una tienda de comida hecha que había de camino a casa. Tengo más recuerdos jugando con ella que con mis padres.
Es una mujer que cuando íbamos por la calle yo nunca podía decir que algo que viera en el escaparate me gustaba porque al día siguiente me lo había comprado.
Con la edad nos fuimos distanciando. Tenemos caracteres muy parecidos y empezamos a chocar. Ella quería seguir mandando sobre mi y yo no estaba por la labor. 
Cuando cambié de ciudad dejé de verla con asiduidad y la relación era más distante.
Hasta que me quedé embarazada y se puso loca de contenta. Me llamaba muchos días para preguntarme qué tal estaba, algo que antes nunca hacía. Tenía ganas de salir a la calle, de comprar cosas para el niño. Rejuveneció 20 años. Parecería que en vez de ser bisabuela iba a ser abuela. Me hizo unos patucos aunque le dije mil veces que no me gustan nada los patucos y me dolió en el alma dejarlos guardados en el armario, sabiendo que no iba a estrenarlos.
Luego nació mi hijo y mi abuela se volvió más loca todavía. Me llama todas las semanas. Y no sólo pregunta por mi hijo, pregunta por mi, me pregunta cómo estoy, le interesa cómo me encuentro. Se acuerda de todos los cumple-meses de mi bebito, hasta de cuando hace los “medios-meses”. No nos vemos más porque la distancia, aunque corta, es puñetera, pero si estuviera mejor de los pies se que todos los días se cogería su tren y se haría dos transbordos para pasar la mañana con nosotros.
La semana pasada hizo ese camino con mi madre: autobús, dos trenes y autobús sólo para pasar hora y media conmigo y con el niño. Y nada más verme me dió un achuchón grande porque me sigue queriendo mucho.
A veces siento pena. Me siento triste por haber desperdiciado unos cuantos años de su vida sin prestarla mucha atención. Se que el día que falte me va a doler en el alma.
Y no se si quiero que dentro de unos días cumpla 81 años porque ya me parecen muchos y… no quiero perderla, no quiero que la pierda mi hijo.