La llegada del buen tiempo ha dejado mi armario, ya de por si corto de ropa premamá, peladito peladito.

Siendo un embarazo de invierno, me he apañado con un uniforme consistente en dos pantalones vaqueros y cuatro jerséis, un aburrimiento, sí, pero para qué más. De los primeros meses tengo unas cuantas camisetas de algodón, unas de manga larga y otras tres cuartos, que pensaba que podrían hacerme el apaño para las pocas semanas de embarazo que me tocaran con mejores temperaturas… pero resulta que dos de ellas apenas me tapan ya la tripa y otra me queda tan estrecha de la zona abdominal que la parte de arriba me hace bolsa.

Recapitulando: jerséis que no me puedo poner porque ya dan mucho calor, camisetas demasiado estrechas y cortas… sólo dos prendas ponibles.

Rescaté la bolsa de ropa de premamá que usé con el mayor… Desastre total. A parte de que todas las camisetas son sin mangas o de manga corta (y me parece exagerado, que tampoco hace tanto calor), la mayoría me quedan un poco cortas. Vamos, que tengo un tren delantero impresionante.

No me queda otra que aplicar el método “lavo por la noche, dejo secar mientras duermo y al día siguiente me vuelvo a poner lo mismo”.

En fin, ¡que todas las preocupaciones sean como ésta!.