Reconozco que siento cierta envidia cuando veo como algunas mujeres se organizan súper bien: trabajan, cuidan uno o varios hijos, atienden la casa…Lo mismo es que en todas las familias cuecen habas y nada es tan perfecto como parece, pero yo reconozco que la mayor parte de los días me cunde poquísimo y no llego a casi nada. Y eso, sin trabajar.
Es cierto que siempre se puede hacer más. Podría levantarme a la misma hora que mi marido (06.00h) y aprovechar el rato que mi hijo permanezca durmiendo. Pero, claro, mi marido se duerme mucho antes que yo y no atiende biberones ni otras demandas nocturnas. Es cierto que podría reducir mis horas de sueño a cinco o seis (nunca del tirón, por supuesto) pero a costa de estar zombie y de muy mal humor durante todo el día. No estoy dispuesta.
Cuando por la mañana le doy los buenos días a mi hijo, ya sé que a partir de ahí el resto del día se lo dedico a él y que lo mucho o lo poco que llegue a hacer dependerá del humor con el que se haya levantado. Cuando está tranquilo y de buen humor puedo conseguir ducharme, arreglarme, preparar la comida y hasta limpiar el baño o barrer y fregar antes de las 12 de la mañana, para después darnos un paseíto. Pero cuando no está tranquilo, cuando llora a rabiar por la boca en días como hoy, si consigo quitarme el pijama voy que chuto. 
Creo que me quejo de vicio, porque ni mi hijo es un bebé de alta demanda (siempre hay casos peores) ni mi casa está especialmente patas arriba, ni a mi el orden o la limpieza me han obsesionado nunca en exceso. Es más la rabia de querer y no poder.
Pienso que cuando crezca un poco y sea capaz de jugar con un pequeño juguetito quizá pueda yo tener algún rato más de tranquilidad. ¿Me estoy engañando?.
Aunque me falta mucho para volver al trabajo (de aquí a octubre, tengo casi todo el año por delante), no dejo de pensar en cómo me lo voy a montar para llevarlo todo. Estoy anticipando acontecimientos, sí, porque me conozco, y entre lo muchísimo que me va a doler dejarle en la guarderia para ir a mi trabajo basura y compaginar unas cosas y otras…no sé cómo lo voy a llevar.
Desde aqui, mi admiración a todas esas madres que tienen tiempo para todo y, además, lo llevan con naturalidad y buen humor. ¡A ver si se me pega algo de ellas!.