Un día como hoy hace tres años, justo a estas horas, estaba intimando por primera vez con mi hijo mayor.

Mucho han cambiado la cosas. Ahora no sólo soy mamá de uno, sino de dos, por lo que aquel que fue mi bebito ahora es un niño pequeñín, hermano mayor y primogénito de la familia, ¡ahí es ná!. Por aquel entonces tenía un trabajo por cuenta ajena (aunque estuviera de baja desde meses atrás), ahora soy mamá 24/7 y emprendedora, mi oficina es mi casa, ¡quién me lo iba a decir!. Aquel día llevaba una mochila muy pesada a mis espaldas, de miedo a obrar contra mi voluntad, miedo al qué dirán, a decepcionar, mucho desconocimiento, prejuicios… y tres años después siento que he crecido muchísimo y que paralelamente he podido ayudar a muchas familias, a muchas madres. ¡Cómo me ha cambiado la vida la maternidad!.

Mi hijo mayor (que raro suena aún llamarle así) está a puntito de dejar de ser, definitivamente, un bebote. Este verano ha cambiado mucho, sobre todo este último mes ha madurado mucho. En nada de tiempo ha dejado atrás el biberón, los pañales, la silla de paseo, los brazos hasta para montarse en el ascensor, por si mismo decidió irse a dormir a su camita en su propio cuarto, ha adquirido rutinas que parecían imposibles (como lavarse las manos, los dientes, hacer pis de pie sujetándose la colita…), ha superado la retención de heces (crucemos los dedos para que sea definitivo), ha mejorado su lenguaje y capacidad de conversación… La lista es larga, el cambio de los dos años y medio a los tres ha sido impresionante.

Está hecho un bicho, sigue con una energía desbordante, simpático y optimista a rabiar, nervioso, demasiado impulsivo, con una tremenda papitis, fan de los dispositivos táctiles y del chocolate, de la música marchosa y de los trenes, los volcanes y los dinosaurios, tiene grandes dotes para la interpretación (le encanta poner voces y gestos teatrales, deberíamos llevarle a un casting) y para las canciones (se pasa el día cantando y hasta se inventa letras con músicas que ya conoce). Hace poco que ha conseguido empezar a ver películas de un tirón (antes su culo de mal asiento se lo impedía) y ahora es fan incondicional de Wall-e (a quien cree reconocer en todos los cajeros automáticos de Caja Madrid) y por supuesto de Rayo McQueen (Car Wheel, según él).

Con sus cosas no tan buenas, porque el genio y la emoción se le desbordan con demasiada frecuencia, puedo decir que estamos ante una de las mejores etapas que hemos pasado hasta la fecha con él. Verle crecer, hacerse mayor, tener tantas ocurrencias divertidas, ser tan alegre como es, es un regalo para nosotros.

Mi niño melón, espero que siempre sigas así de feliz. Feliz cumpleaños.