Tras cuatro meses arrastrando problemas durante la lactancia en ambos pechos (obstrucciones constantes, perlas de leche, dolor), puedo decir ¡bye, bye mastitis!. Desde hace unas semanas estoy bien, no me duele nada, no he vuelto a tener obstrucciones, he dicho adiós a las temibles perlas de leche y, toco madera, todo marcha como antes de empezar con los problemas, es decir, como la seda.

¿Cómo he conseguido curarme?. Gracias a los probióticos específicos que me proporcionó EL EXPERTO en lactancia materna (el famoso coordinador del ya famoso Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid).

La primera vez que alguien me mencionó la palabra probiótico no tenía ni idea de lo que eran y, desde luego, no tenía ni idea de que fueran capaces de curar nada, imagino que como a mucha gente, así que voy a tratar de explicar lo que son y por qué curan.

La OMS define los probióticos como microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo huésped.

Antiguamente se creía que la leche materna era estéril, cuando lo cierto es que en la mama existe una gran “comunidad” bacteriana, que juega un papel muy importante para el bebé lactante. Si el equilibrio de esa comunidad se altera, pueden concretarse unas pocas especies de forma muy elevada (sobre todo estafilococos y estreptococos). El resultado de ese desesquilibrio es la inflamación y obstrucción de los conductos, en definitiva: una mastitis.

Las cepas de bacterias implicadas en las mastitis son habitualmente resistentes a los antibióticos que precisamente se suelen prescribir por defecto, como la amoxicilina, lo cual explica que un alto número caso de mastitis tratadas con ellos se cronifiquen. De hecho, incluso pueden provocar una candidiasis vaginal asociada a la antibioticoterapia.

A través de un ensayo clínico realizado hace unos años se llegó a la conclusión de que cepas probióticas cuidadosamente seleccionadas podrían ser una estupenda alternativa o bien complementar al tratamiento con antibióticos.

Estas cepas probióticas se habían aislado previamente a partir de leche materna de mujeres sanas, observando su potencial antimicrobiano tanto in vitro como en modelos con animales y demostrando que existe una transferencia entre el aparato disgestivo y la glándula mamaria de las madres. Una vez en la mama, estas cepas podrían desplazar a las bacterias causantes de mastitis.

Los resultados del cultivo de leche  que me realicé a mediados de febrero dieron como resultado un número muy elevado de bichitos malosos, hasta 40.000 en la mama que más me dolía (cuando lo normal, si no me equivoco, son unos 700). No es de extrañar: las bacterias causantes de las mastitis pueden llegar a doblar su población cada 30-40 minutos.

Los probióticos que me suministraron me curaron en tan sólo 15 días. La evolución fue tal y como me explicó Juan Miguel que sería: los primeros 4-5 días no noté nada (incluso el dolor se agudizó) y a partir de ahí mejoré increíblemente. A la semana tenía unas molestias muy leves y a los 15 días estaba nueva.

Si hubiera ido antes, me hubiera ahorrado varios meses de molestias. Así que si tenéis problemas y podéis acudir, os recomiendo encarecidamente que no hagáis como yo: cuanto antes, mejor.