A finales de la semana pasada mis padres me llamaron para decirme que habían leído que en Kinépolis Pozuelo habían abierto un súper parque de bolas con unas instalaciones increíbles. Mayor es habitual de ludotecas y parques de bolas desde que tenía dos años, es el sitio ideal donde dar rienda suelta a toda su energía y para nosotros ha sido siempre muy divertido acompañarle a sitios donde se lo pasa tan tan bien. Bebé ha empezado hace poco a entrar hace poco en alguna, cuando cumplió los dos añitos también.

Tras la llamada de mis padres entramos en la web del sitio: Magic Forest. ¡Wooow, desde luego que es espectacular! Bueno, los precios también eran espectaculares pero viendo las instalaciones nos parecía hasta barato por dos horas de diversión y entrando Bebé gratis. Además, avalado por Kinépolis tenía que ser bueno, porque actividades como NaviFun nos han encantado los dos años que hemos ido. Ni qué decir tiene que fuimos allí casi corriendo, el sábado pasado.

Y ahí empezó la gran decepción.

Después de haber revisado de nuevo la web, en ningún momento dejan clara una realidad palpable: el sitio está pensado para niños que ya han cumplido 5 años. Si tus hijos no tienen 5 años, ahórrate la visita, es una pérdida de tiempo y de dinero. ¿Por qué?

– Por un lado, porque aunque desde los 4 años ya les cobran su entrada de 9.50 euros como a todos los demás, sólo les dejan pasar a dos áreas: la de bebés, que es de risa, y la de “las setas”, que viene a ser una caseta de cualquier parque madrileño pero más bonita, es decir, con una dificultad y diversión realmente baja.

– Por otro lado, porque aunque los menores de 4 años no pagan, no pintan nada allí. La zona de bebés (para ellos bebés son todos los menores de 4 años) es un rinconcillo de tres metros cuadrados con tres gusanos y tres setas pegadas con velcro al suelo. Puede que sea divertido para algún bebé de menos de un año pero desde luego no más allá de esa edad.

Y ¿qué pasó? Pasó que mis hijos iban allí con una ilusión tremenda. No miento si digo que llegaron corriendo y dando saltos desde el coche tras haber visto las fotografías de la web. Y luego cuéntales tu una vez dentro que pueden “ver pero no tocar”. Cuéntale a un niño al que le faltan dos meses y poco para los cinco años que otros niños de su altura pueden jugar a todo lo guay pero que a él le han puesto un chaleco amarillo y eso significa que será rechazado una y otra vez cuando quiera entrar a jugar. Y cuéntale tú, a ver si puedes, a un niño como Bebé, que tiene que quedarse quietecito en la cutre-zona de bebés sin que ni siquiera le dejen pasar “a las setas” de su hermano cuando él en cualquier parque a pie de calle se mueve por casetas y columpios cien veces más arriesgados.

Como era de esperar, los dos lloraron. La tarde de juegos espectacular se tornó en un timo. Sí, en un timo, porque ya que Bebé no podía hacer absolutamente nada allí sin que nos regañaran, que hasta les molestaba que los padres estuviéramos en las escaleras, decidimos pedir unas patatas fritas para entretenerle con algo y evitar tener que irnos de inmediato y rematar al Mayor. Las patatas fritas que nos trajeron eran corcho calentado al microondas, dignas del peor capítulo de Chicote y al módico precio de 7.20 euros.

Es decir, que en hora y media nos gastamos 18.90 euros, que se dice pronto, en admirar las instalaciones y tomarnos un refresco. Vamos, que hubiéramos hecho muchas más cosas y más divertidas en la calle y desde luego mucho más barato.

Lo que sale en la fotografía que tomé allí es el corralito para menores de cuatro años, único lugar donde les permiten estar. Y esa planta chulísima para trepar que se ve detrás estaba prohibida para menores de cinco años, como prácticamente todo lo demás, y vigilada por la monitora-sargento que lleva polo naranja.

En la vueltecita que me di observé a varias familias quejándose de lo mismo, en concreto una familia que había llegado con varios niños estaba verdaderamente indignada. El sitio estaba bastante lleno pero intuyo que pocos volverán.

Desde luego nosotros, salvo que cambien las cosas, tardaremos mucho en volver. Porque aun cuando Mayor haya cumplido los 5 años, ¿cómo hacemos para que Bebé no pase dos horas llorando de frustración?

No es un problema de que las zonas sean peligrosas, en absoluto. Muchas de las zonas son iguales a las que hemos visto en otras ludotecas con límites de edad muy inferiores (de hecho, los sitios donde nosotros vamos tienen un límite de dos o tres años de edad) La normativa de edad de Magic Forest no responde a la realidad del sitio, en el que, por cierto, es obligatorio el uso de calcetines pero el suelo resbala bastante y varios niños, incluido Mayor, se dieron un buen culetazo.

Es un problema de que quien ha montado el local da la impresión de que no tiene niños. Da la impresión de que han puesto allí más que a monitores a policias, si ya debajo del cartelito de Staff  pone “Ojo que te veo” (¡mensaje positivo donde los haya!) Mientras que en cualquier otro sitio los monitores son un amor, aquí me parecieron más preocupados de prohibir y regañar que de otra cosa.

¿Algo positivo? A la salida nos preguntaron qué tal y amablemente escucharon todas nuestras quejas. Nos dijeron que acababan de empezar, que entendían lo que explicábamos y que seguramente harían cambios. Pues ojalá porque el sitio es impresionante, tiene un potencial increíble, pero si se destina sólo a niños mayores de cinco años por lo menos que lo dejen claro en su publicidad y, desde luego, que no cobren una entrada tan cara para luego no permitir el acceso a nada.

Me sabe mal haber tenido que escribir esto pero es que me pareció tan descabellado y tal tomadura de pelo que tenía que contarlo. Si vais a ir, por lo menos ya sabéis lo que os encontraréis.

ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE. Dos años después de la decepción que relatamos en este post, decidimos darle una nueva oportunidad a Magic Forest. Y parece que se han puesto las pilas cambiando varias cosas importantes. Ahora mismo estamos muy contentos con el sitio y hemos ido muchas veces en lo que va de 2016. Os pido por favor que leáis nuestra experiencia más reciente en Magic Forest: ahora sí merece la pena.