En febrero ya comenté que una de las peores compras que hicimos preparando el ajuar del bebito fue la bañera-cambiador de Prenatal, el modelo “So Fly”. A quién se le ocurre comprar una bañera anatómica, que ni sirve para un recién nacido porque el pivote ese molesta para tumbarle sobre el brazo, ni sirve para un bebé más grandecito porque no sujeta lo suficiente porque para que no se escoñe sin sujección materna.
El desastre ha ido a más, como era de esperar, porque mi hijo se ha vuelto ya incontrolable en la bañera. Chapotea con brazos y piernas sacando todo el agua fuera, que cae sobre el parquet y chorrea por la pared. Se cuelga de los laterales intentando tirar fuera todo lo que pilla: las toallitas, el cepillo del pelo, el bote de la crema del culito… No quiere estar reposando la espalda, solamente incorporado pero como no tiene estabilidad suficiente se escurre para todos los lados… Un estrés.
Hace un par de semanas nos compramos una Flexibath. Considerando que sólo tenemos un baño y que éste sólo tiene un plato de ducha, las opciones estaban más que reducidas. Llevo oyendo hablar de esta bañera un tiempo y dado que ha ganado varios premios… ¿por qué no darle una oportunidad?.
La primera experiencia ha sido buena y mala al mismo tiempo. Buena porque la bañera es muy fácil de usar y plegada ocupada poquísimo espacio, se monta y desmonta en un instante, se puede guardar en cualquier sitio y no pesa casi nada. Mala porque mientras no estemos seguros al 100% de que el niño mantiene totalmente el equilibrio sentado no podemos usarla. Nuestro plato de ducha tiene un acceso complicado, lo que dificulta el estar sujetándole en una postura cómoda. Cuando se sostenga bien por si solo será más sencillo y más rápido, pero ahora mismo es bastante cansado, desriñona una barbaridad y no descarto el riesgo de cocorotazo o pequeño atragantamiento acuático.
Así que de momento seguimos con la bañerita dichosa de Prenatal, que por lo menos está a una altura que nuestros riñones agradecen.