Cuando hace unos días escribía reflexionando en voz alta sobre cuándo dormirá mi bebé toda la noche, dejaba pendiente dedicar un post a cuáles son los efectos de llevar dos años sin dormir del tirón.

En nuestro caso, además de dos años sin dormir del tirón hay que añadir dos años sin comer en condiciones, sin tener un momento de descanso, dos años de contacto piel con piel constante… en fin, dos años con un bebé de alta demanda y un niño de cuatro años que tampoco se queda atrás en cuanto a intensidad o necesidades. Creo que es un matiz importante y por eso quizá más adelante hable de la alta demanda en si misma, así que en este post intentaré centrarme en los efectos concretos de no dormir en condiciones.

No dormir o dormir pero no hacerlo bien tiene dos efectos. El efecto más inmediato y obvio de la falta de sueño es el físico. La gran mayoría de los padres habéis experimentado esa sensación, por lo menos durante los primeros días o semanas de vida de vuestros bebés. Apenas duermes unas horas por la noche, te despiertas constantemente y tienes que estar pendiente de lo que haces porque un recién nacido es delicado y luego durante el día tienes que dar lo mejor de ti porque no hay otra. Esa sensación de estar flotando, como drogado, de ir en piloto automático… En mi casa lo llamamos “la nube“. Es como una niebla que lo invade todo, que te deja atontada totalmente y que, por desgracia, suele borrar la memoria.

Ese decaimiento físico al final se supera. Con mi hijo mayor no me costó demasiado superarlo, con el pequeño ha sido complicado, pero al final el cuerpo, que es muy sabio, se acostumbra. Esto no quiere decir que estés al 100%. Aún hay muchos días que no doy pie con bola, se me caen mucho las cosas al suelo, a causa de la torpeza he tenido un par de accidentes en el almacén de la tienda como se caigan las cajas en la cabeza y hacerme una herida con sangre en la cabeza, tengo que llevar todo apuntado y lleno de notas para no olvidar las cosas… Muchos días tengo el mismo nivel de agotamiento que tiene una familia con un recién nacido, si no más, pero en general puedo decir que noto que mi cuerpo ya está hecho y no sufre.

Para mi lo más complicado ha sido el efecto psicológico. Ahora sé que hasta hace bien poco he tenido un baby blues prolongado, sino una leve depresión postparto. Como decía más arriba, no se puede atribuir a un único factor, pero soy muy consciente de que la privación constante de sueño ha tenido muchísimo que ver.

Más o menos hasta los 20-21 meses de vida de Bebé, mi vida era como un eterno Día de la Marmota, ¿recordáis la peli?. Todos los días iguales, igual de malos. Porque cuando no duermes no sabes dónde termina un día y dónde comienza otro. Es un ciclo sin fin. Quisieras parar pero no puedes, no puedes darle al stop y las circunstancias te arrasan.

Lo normal en mi día a día era trabajar hasta las 2-3 de la madrugada con constantes interrupciones para ir a darle la teta al pequeño, que se durmiera y poder seguir trabajando, acostarme a las 3 y que se despertara no menos de 4 veces para a las 7 estar de nuevo de pie trabajando y lidiando con su alta demanda sin descuidar todo lo demás.

Como decía, quisieras poder darle al stop pero no puedes. El niño no duerme ni de día ni de noche así que apenas puedes ducharte, no tienes tiempo libre y además en mi caso el poco tiempo que te queda tienes que trabajar. Quisieras, por ejemplo, que al menos una noche a la semana pudieras sentarte a ver una serie en la tele pero no puedes y si algún día te decides a intentarlo, te levantarás no menos de tres veces a atender a tu bebé. Y así un mes, y otro, y otro, y otro.

He tenido muchos días de sentirme una mierda, de sentir que mi vida era una verdadera mierda. He sentido que no podía soportarlo ni un minuto más. He llegado a estar en la cama con una ansiedad de caballo, dándole la teta a las cuatro de la mañana mientras todo me daba vueltas. Me he sentido totalmente despersonalizada.

Y sola, más sola que la una, viendo como el resto del mundo sigue su vida y tu estás hasta las cejas mientras pasan a tu lado haciéndose los suecos. Qué coñazo resultamos cuando lo estamos pasando mal, cuando no podemos ni queremos seguir el mismo ritmo.

Sé a ciencia cierta que algunas estáis o habéis estado como yo. Y estáis cansadas de que os cuenten cuentos que casi parecen un insulto, o de que os digan que todo pasa (que es la forma presuntamente educada con la que algunos nos quieren decir que les importan un carajo nuestros problemas). O que os propongan cambiar vuestra manera de entender la crianza porque todo es culpa vuestra y de lo mal que lo hacéis, porque parece que como has decidido portear o colechar o dar teta, o todo eso y más, ya no tienes derecho a quejarte de nada, el problema te lo has buscado tú.

Estáis cansadas de la falta de empatía y de respeto. La maternidad no debería ser así, pero a veces lo es, ¡como todo en la vida!. No podemos obligar a los demás a permanecer en los malos momentos, no hay que esperar nada. La confianza la tenemos que encontrar en nosotros mismos.

Yo tuve un punto de inflexión. Un momento en el que tuve que tomar decisiones. Y como no podía cambiar la realidad, dejé de luchar contra ella y me amoldé lo mejor que pude. Renuncié a cosas creyendo que eran renuncias para luego darme cuenta de que eran losas y me sentía más ligera sin ellas. Delegué lo que podía delegar y aparqué lo que honestamente no podía abarcar. Y, aunque en este país aún sea un tabú decirlo, me busqué una psicóloga para que me ayudara a asumir la realidad de mi nueva vida y tener fuerza para cambiar aquello que sí se podía cambiar.

Hay una cosa cierta: las dificultades te hacen crecer. Aunque los efectos psicológicos de no descansar correctamente son duros de superar porque la realidad sigue ahí, al final se superan.

Aunque nuestro bebé duerma terriblemente mal, en algún momento empezará a mejorar, aunque sea sutilmente. Y cuando todo esto pase seremos otras, mucho más fuertes. Nuestra vida también será otra, no sé si mejor o peor, pero la fortaleza que habremos adquirido no nos la quita nadie. Yo me quedo con eso.

Foto | Sima Dimitric en Flickr CC