Ayer amaneció nublado y decidimos aprovechar la circunstancia para hacer una excursión a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia, y ver el Oceanografic. Hemos tenido ganas de ir desde que lo inauguraron y nos parecía una ocasión estupenda ahora que estamos bastante cerca.

El camino en coche, al contrario del viaje hasta la playa, el niño lo hizo durmiendo y eso que se acababa de levantar así que llegó fresco y con ganas de disfrutar.

Lo más destacado de la visita, al menos para mi, es precisamente que el niño se lo pasó bien, que estuvo muy atento a todos los animales, incluso a los más pequeños o difíciles de percibir porque no se movieran mucho, todo lo contrario a lo que ocurrió cuando fuimos a Faunia, donde disfrutó más del entorno que de otra cosa y más allá de los animales de granja no se enteró de gran cosa. Se fijó incluso en los caballitos de mar, que eran chiquitísimos, o en las tortugas, que apenas se movían. De la visita a Faunia hace unos dos meses y es increíble comprobar lo mucho que ha cambiado desde entonces, lo que ha crecido.

Fuimos al espectáctulo de los delfines sin saber muy bien si aguantaría porque en Faunia nos tuvimos que salir del espectáculo al que asistimos, pero también nos sorprendió. Mientras la gente se sentaba, el animador estuvo arengando al público para que hiciera la ola, bailara y sacó a varios niños del público. Mi hijo se reía viendo a la gente bailar o aplaudir, intentaba imitarlos e incluso parecía que quería seguir el ritmo de la música. Después, durante la exhibición en sí, estuvo sentado y atento y eso que duró más de media hora. ¡Increíble!.

L’ Oceanografic nos gustó, además hizo un estupendo día nublado hasta casi la hora en que nos fuimos, pero ambos coincidimos en que no nos sorprendió tanto como esperábamos. La comparación con Faunia es inevitable: la extensión es parecida, está puesto de manera similar, la estructuración por hábitats no es algo nuevo para los que ya hayan estado allí (ni la oscuridad de algunos para hacerlo más real) y hasta los restaurantes son del mismo estilo. Básicamente es como un Faunia pero centrado en el mar. Las peceras son fantásticas y los túneles espectaculares pero, como digo, a mi me faltó algo más.

Una cosa que me llamó la atención muy positivamente es que todos los hábitats están muy accesibles para gente que va con carrito o silla de ruedas. Es fácil encontrar rampas o ascensores, algo que en otros sitios es impensable. Bien por ellos en ese sentido.

La Ciudad de las Artes y las Ciencias sí que nos encantó. Es un entorno precioso que bien merece una visita. Hemos sacado unas fotos muy bonitas, con una luz especial. Ojalá algún día podamos volver cuando el niño ya sea mayor para disfrutar de otras cosas y poder visitar el resto de edificios.

Después de comer el niño se durmió nada más montarle en el coche así que decidimos aprovechar y fuimos hasta Altea, un pueblo blanco y de piedras con unas vistas preciosas. Al niño le encantó subir las escaleras y bajar las rampas a toda pastilla, ¡vaya energía!.

Volvimos al hotel agotados pero muy contentos. Más de 10 horas hemos dormido del tirón esta noche. Y hoy hemos tenido un día magnífico de playa así que estamos felices aunque ya temiendo que esto se acaba… ¡qué rápido están pasando las vacaciones!.