Siempre he sido una persona muy organizada, meticulosa, con gran aprecio por el orden, a veces casi de forma obsesiva. Es lo que tiene ser hija única, que he podido tener todas mis cositas limpias y bien colocadas, sin nadie que viniera detrás a movérmelas de sitio.
Dentro de ese afán por tenerlo todo controlado entra mi “afición” por las listas, afición que, al parecer, comparto con Anna. Me gusta tenerlo todo planificado, no lo puedo evitar.
Hasta hace relativamente poco, la mayor parte de mis listas eran mentales. He tenido siempre una buenísima memoria, que me permite recordar hasta los más mínimos detalles de cosas pasadas: olores, ropa que vestía la gente, sensaciones que tuve, frases exactas, si soplaba el viento o hacía frio…Y, además, una excelente memoria fotográfica, que me ha ayudado muchísimo a estudiar y a la que le debo mis buenas notas.
Pero de pronto, mientras estaba embarazada, me di cuenta de que había empezado a “perder la chaveta”. Ya sabeis, ese tipo de situaciones cuando vas por el pasillo y de pronto no sabes a dónde ibas ni qué ibas a hacer. Supongo que era por el nivel de ensoñación que tenía en esos momentos, pero me empezaron a pasar cosas de esas. O no ser capaz de recordar si le había contado una cosa concreta a una persona concreta. Así que a más de una persona le he contado lo mismo varias veces. Qué horror!!!.
Poco a poco fui cogiendo la costumbre de ir poniendo por escrito todas las cosas que tenía en mente por hacer. Así que hago muchas listas, no sólo de la compra, que es la más obvia, sino de llamadas que tengo que hacer, de páginas o información que tengo que buscar en Internet, gente a la que no puede pasar ni un día más sin llamar, citas con el médico…un sinfín de cosas.
Suelo decir que el embarazo me fundió las neuronas. Uno de mis defectos, uno de los peores, quiero decir, es la indecisión crónica que padezco. Pero Dios Santo!, durante el embarazo he sido incapaz de tomar una decisión antes de pensármelo doscientas veces y consultarlo con todos los que se me pusieran delante. Para mi, esto es otro síntoma de todas esas neuronas que se aborregaron con el chute hormonal del embarazo.
Lo cierto que es sigo con la cabeza en babia. Hace poco tuve que rescatar la ropa del niño del cubo de la basura, mientras que el pañal estaba en la bolsa de la ropa sucia. O estar a punto de meter los pañales en el frigorífico. Tengo algún tipo de problema con los pañales, que así de primeras parece que siempre quiero meterlos en cualquier sitio que no sea la basura…
Lo dicho, que con la cabeza más “pa’llá” que “pa’cá” estoy todo el día apuntándome las cosas importantes o nímias, porque si no, no haría nada al cabo del día. Me da mucha rabia haber perdido mi habilidad para manejar de memoria todas las cosas pendientes que suelo tener, pero debe ser lo que tiene la maternidad, que como vas de un lado para otro a toda prisa para llegar a todo, a veces se deja uno por el camino cosas más superfluas.