Siempre he tenido obsesión por saber. Para mi la información es, sobre todo,  tranquilidad, certeza. No soporto la duda, necesito conocer. Por eso antes de quedarme embarazada me hice un master autodidacta en fertilidad y embarazo. Y, por eso, durante el embarazo devoraba cualquier libro, revista o artículo que tratara sobre la gestación, el cuidado del bebé, la estimulación infantil, etc, igual que ahora me interesan especialmente los temas acerca de la educación en la etapa 0-3 años. 
Estando embarazada de 8 meses fue mi cumpleaños y pedí que me regalaran “Todo un mundo de sensaciones”, un libro del que había oído hablar en una entrevista que hicieron en verano a dos de sus autoras en el programa matutino de Telemadrid.

Oyéndolas hablar, me parecieron juiciosas y el libro me suscitó un gran interés, sobre todo por unas tarjetas en blanco y negro que incluía para la estimulación visual del bebé.

A mi marido no le hacía mucha gracia que le enseñara las dichosas tarjetas, decía que le iba a hipnotizar. La verdad es que el bebito las miraba con interés incluso con 15 días de vida, lo cual es mucho decir para la capacidad de concentración que tienen con ese tiempo.
Debo reconocer que las primeras lecturas del libro me resultaron decepcionantes. Los capítulos dedicados a las primeras horas y días del bebé me parecieron una exageración, en tanto que no considero necesario en absoluto tener un “plan de ejercicios” para un bebito que apenas es un recién nacido. Además, por mucho interés que uno le ponga, llevar a cabo esos “juegos” diariamente, que es la propuesta que ellas hacen, resultaba prácticamente imposible, sobre todo considerando que yo estaba todo el día sola en casa y si no tenía ni tiempo para quitarme el pijama, mucho menos para hacer estas cosas.
Sin embargo, el libro me fue conquistando con el tiempo y terminó convirtiéndose en una guía que consultaba muy frecuentemente. Cierto es que nunca me tomé en serio realizar diariamente todos los juegos propuestos, en parte porque a mi hijo algunos no le gustaban o no sabía hacerlos, pero me sirvió de orientación y, sobre todo, de inspiración. 
Algo importante, además, es que estoy en buena sintonía con prácticamente todas las opiniones de las autoras del libro, algo básico para poder digerirlo sin atragantarme.
En mi caso, el libro fue de menos a más y sentí auténtica pena cuando llegué a los 6 meses de edad, que es hasta donde llega, porque aprendí bastantes cosas leyéndolo.
Por ese motivo, al poco tiempo me compré la continuación, “Todo un mundo por descubrir”, que abarca desde los 6 hasta los 24 meses.
Esperaba que tratara cada mes del segundo semestre de vida con detenimiento, igual que en la primera parte, pero desgraciadamente no es así. Se limita a dar una serie de ejercicios y juegos que pueden resultar interesantes, pero no entra a valorar pormenorizadamente cuáles son los progresos que pueden experimentar los bebés mes a mes. Es una pena porque ese análisis del primer libro me parecía muy interesante puesto que explicaba los por qués, que es lo que yo siempre he buscado conocer.
Sí que es cierto que ambos libros he tenido la impresión de que pecan un poco esperando demasiado del bebé. Es evidente, y ellas mismas lo dicen, que cada bebé alcanza ciertos hitos en momentos distintos, algo que se acentúa especialmente durante el segundo semestre, con ejemplos tan claros como el gateo, que algunos niños no llegan a realizar. 
Por ejemplo, en el primer libro se dice esto en el capítulo dedicado a los seis meses.
Mi hijo pasó desde los tres meses mucho tiempo en su mantita o en una cama de colchón duro y cuando llegaron los seis meses no levantaba la tripa siquiera. De hecho, cumplió los siete meses y ahí empezó a levantar ligeramente el culillo. No fue hasta una semana más tarde, pongamos que con 7 meses casi y medio cuando dobló las rodillas un poquito y pudimos percibir ese balanceo. En cualquier caso, mi hijo el balanceo lo hace más bien poco porque enseguida se ha dado cuenta de que no lo necesita para reptar a toda velocidad por la casa, por lo que le veo muy poco interesado en el gateo. 
Lo que quiero decir es que hay que entender muy bien esos “probablemente”  o “generalmente” y no preocuparse en exceso.
De este último trozo que os extracto me parece interesantísima la explicación que dan de cómo evoluciona el gateo, primero homolateralmente y después en patrón cruzado. A esto me refiero cuando digo que me gusta entender el fundamento de las cosas.
Desde luego, lo mejor de ambos libros, al menos desde mi punto de vista, son este tipo de explicaciones y capítulos muy interesantes como la personalidad del niño, el interés por la cultura u otros consejos útiles.
Existe un tercer libro, llamado “Todo un mundo de sorpresas”, que comprende la etapa hasta los 5 años. Quizá lo compre en un futuro.
Es cierto que ambos libros son carillos, pues superan los 20 euros, pero encuentro que son una buena compra pues es, a parte de inspiradores, pueden quedar como libros de consulta para cualquier situación.