Cuando ya pensaba que se me estaba pasando un poco la astenia primaveral, ha venido el calorazo de golpe y me ha pegado otro hachazo. No sé si estoy otra vez con sofocos (¡prometo que no estoy embarazada de nuevo!) y realmente hace mucho calor, pero ayer ya tuve que poner el aire acondicionado en el salón y de mañana no pase que saque la ropa de verano.
El verano pasado no me enteré del calor. Bueno, me enteré, claro, porque fue uno de los veranos más calurosos de los últimos años, pero como yo tenía sofocos desde el principio del verano, entre sudar a mares y sudar a chorro había poca diferencia. Además fue un verano recibido con agradecimiento, porque tenía la teoría de que mientras hiciera 40 grados era más complicado pillar un nuevo virus.
Pero este año, con mi cuerpo nuevamente de mi exclusiva propiedad y con un bebito caluroso como su madre, me da pánico el verano. No soporto el calor, me baja la tensión muchísimo, me mareo, me duele la cabeza, me encuentro mal, sudo más que Nadal en Más que Baile… ¡qué asco!. El gordito va por el mismo camino. Se le ve muy disgustado con el calor y eso que esto no ha hecho más que empezar. Ayer le saqué a la calle ya de veranito, no sé qué le voy a poner en julio.
Este invierno ha sido muy duro pero ya me estoy arrepintiendo de haber deseado que llegaran las buenas temperaturas. ¡Si en Madrid no tenemos primavera!.