Durante el embarazo leí “Embarazada”, de Kaz Cooke. El libro no me gustó demasiado, porque no entraba en materia con profundidad. Pero hay que reconocer que su lectura era amena y en muchos puntos bastante divertida. Ya en las últimas páginas habla del recién nacido como “un tipo muy serio”, refiriéndose a la cara de poker que suelen tener.

En su momento me pareció exagerado, pero ya con mi hijo en brazos recordé la frase y me reí para mis adentros, dándole la razón. El bebé recién nacido tiene cara de pocos amigos. Pasa la mayor parte del tiempo con cara seria, los ojos cerrados, la boquita apretada y cuando cambia de semblante es para ponerse a llorar.

Afortunadamente, la pasividad del recién nacido dura apenas unos días. Con 15 días mi hijo comenzó a sonreir cuando se sentía a gusto, normalmente después de la comida.

Esta sonrisa se llama habitualmente “sonrisa angelical” y, pese a lo que puedan pensar los padres, es totalmente involuntaria, fugaz, muchas veces incompleta, y no tiene fines sociales. De hecho, la sonrisa se produce casi siempre con los ojos cerrados o entre cerrados, muchas veces durante el sueño.

En muchas ecografías 4D se puede apreciar que el bebé sonríe dentro del útero de la madre. En la que le hicimos a mi bebé se puede apreciar un gesto muy parecido, precursor, probablemente, de su primera sonrisa.

Lo mismo da, la primera sonrisa de un hijo es uno de los hitos en su desarrollo y al margen de que hacer que a los padres se les caiga la baba es una enseñal que indica que todo va bien en su desarrollo neurológico.

La sonrisa social aparece pasado el primer mes, en el caso de mi hijo, durante la sexta semana de vida. Un buen día, mientras le estaba diciendo cositas mientras le cambiaba de ropa se me quedó mirando y ocurrió: la primera sonrisita dirigida a su mamá.

Si ya es una gran alegria ver a tu hijo sonreir por primera vez, comprobar que sonrie de felicidad al verte o escucharte es algo totalmente irrepetible. Por desgracia para los padres, la primera sonrisa social suele ir dirigida a la madre. Y es que el hecho de que la madre permanezca en casa de baja maternal mientras que el padre vuelve enseguida al trabajo hace que los hombres se pierdan, de primeras, muchos de los progresos de sus bebés.

Que un bebé sea más o menos risueño depende del carácter y dado que su sonrisa es selectiva, cada niño elegirá si quiere sonreir y a quién. Mi bebito, con sus tres meses, va regalando sonrisas a quien le diga alguna tonteria y se muestre cariñoso con el. Pero a sus papis les regala no solo sonrisitas, sino pequeños grititos y muchos movimientos de manos y de pies. Es el comienzo de la fase de reirse a carcajadas, momento al que no hemos llegado todavía, pero que no anda muy lejos.