Me contaba hace ya un tiempo una amiga-madre que cada vez que iba al pediatra había un profesional distinto, con un criterio distinto y que ella estaba ya mareada.
Nos suele pasar a todos que cuando vas a un especialista de forma habitual, como puede ser el médico de cabecera, el obstetra durante el embarazo o el pediatra, esperas que sea siempre la misma persona, porque la relación de confianza es algo importante. Pero, al margen de esa pseudo-complicidad que sería ideal establecer con el pediatra, que al fin y al cabo va a ver crecer a tu hijo, también es importante tener una uniformidad de criterios.
Como no soy médico, no comprendo cómo puede haber tantas diferencias de criterio entre unos y otros. Me comentaba esta madre que su caballo de batalla era la introducción de los alimentos. Cada vez que iba, el profesional de turno “la echaba la bronca” por no haber introducido ya tal alimento o por haberlo introducido demasiado pronto. La paciencia de esta madre estaba ya tocando a su fin.
A nosotros nos tocó revisión ayer, la de los tres meses (en realidad tiene ya 14 semanas). Y la pediatra oficial debía estar de vacaciones, por lo que nos tocó otra. Maja también, pero claro, distinta de la otra. Y entre unas cosas y otras, resulta que:

  • Se extrañó de que no le eche hacia atrás la piel del prepucio a mi hijo para limpiársela. La pediatra “habitual” no nos ha dicho nunca nada y yo recuerdo haber leído por ahí que eso se recomienda hacer un poco más adelante…La mujer se la echó hacia atrás sin miramientos (le saltó un puntito de sangre al pobre) y me enseñó que tenía un poco de mierdecilla. Sí, me sentí ligeramente mala madre.

  • Mi hijo se chupa el pulgar de la mano derecha obsesivamente, fundamentalmente para dormir, y lo tiene hecho polvo. Nos lo pintó como un gran drama por las consecuencias que puede traerle en un futuro, tanto por deformación del paladar como del propio dedo. De visita es fácil dar mil consejos a unos padres sobre cómo conseguir que un niño que odia el chupete pase a amarlo y deje de chuparse el dedo, como si no los hubiéramos probado ya. Me sentí un poquito peor madre por no haberle dado ninguna importancia. Desde ayer le tengo con una manopla puesta y con síndrome de abstinencia: toda la tarde a ayer protestando buscándose el dedito (“si ayer estaba, hoy está!!”). Creo que pronto va a empezar a chuparse el pulgar que le queda libre. Voy a tener que ir a la farmacia a comprar todos los chupetes que encuentre que no hayamos probado ya, a ver si con alguno funciona.
  • Ayer fue la última dosis de la vacuna contra el rotavirus, que le pusimos a las 6, 10 y 14 semanas. Aunque no entró en detalles, vi que estaba desconcertada; me pareció entender que ella recomendaba ponerla a partir del segundo mes. No, con esto no me sentí mala madre.
  • Nos dijo que desde ya había que insistir en ponerle bocabajo un ratito todos los días. Y ella le cogió varias veces sin sujetarle la cabeza para que no se le vaya para atrás (prácticamente ya no se le cae, sólo ligeramente). Espero que mi marido haya tomado buena nota porque a el le da mucha penita verle hacer esfuerzos para levantar el pecho y la cabeza, aunque yo procuro hacérselo de forma habitual y creo que disfruta hasta que se cansa, lo cual suele ser antes de que pasen 3 minutos. Sí, me sentí ligeramente mala madre por ser tan blanda. Que por no verle quejarse o llorar, dejo pasar algunas cosas. Mal hecho.
  • No comparte mi criterio de que si está súper nublado, con ventisca, nevando o lloviendo no salimos a la calle. Nos dijo que con la burbuja puesta no pasaban frio. Mi marido le preguntó qué sentido tiene sacar el niño a la calle, con dos mantas y el plástico encima del capazo para que sólo viera la propia condensación de la burbuja y las gotas caer…Nos dijo que tenía un efecto psicológico. Hombre, no digo que no, pero me parece una tontuna manifiesta. No creo que meterle dentro de esa atmósfera empañada para mirar un plástico le haga mucho bien, ni físico ni psicológico. No me sentí mala madre ni aunque se sorprendió de que no saliera muchos días ni a comprar el pan; tengo mi propio criterio en este tema.
  • Estuvo de acuerdo en el criterio de la pediatra “habitual”  de darle 6 gotas diarias de vitamina D3, a pesar de que en el prospecto recomiendan 3. No dije ni mu, pero yo no le doy siempre las 6 gotas. Hay días que le doy la mitad. ¿Hago mal en seguir mi propia dosificación? Quizá, pero no me siento mal por ello.
Como os digo, llegué a casa sintiéndome un pelín mala madre por no hacer ciertas cosas que a esta mujer le parecieron obvias. En fin, creo que lo importante en esto es tener un criterio y aplicarlo con sentido común. Lo demás no me parece grave.
Por lo demás todo bien, está sanito, crece de forma normal y volveremos a principios de febrero para la revisión de los 4 meses.