Unos amigos de mi marido, con los que quedamos de vez en cuando, tuvieron un hijo hace unos años, poco antes de casarnos nosotros, así que el niño va camino de tres años. Como os he contado varias veces, yo no he tenido bebés cerca, así que cuando quedábamos con ellos yo estaba deseosa de que lo trajeran, pero casi siempre venían solos y yo no entendía el por qué.
Vaya por delante que mi consideración de amigo es otra cosa, porque yo creo que a un amigo le puedes preguntar directamente por qué no se trae a su bebé a comer y decirle que estás deseando verle crecer. Pero no hay esa clase de relación, es una amistad que con el paso del tiempo y las vidas distintas de cada uno se ha ido enfriando, así que quedamos cada tres o cuatro meses, hacemos un pequeño repaso superficial de todo y listo. Resumiendo, que al final me lío: yo me quedaba con las ganas de ver al niño y no entendía por qué se lo dejaban a los abuelos para quedar con nosotros.
Tuvimos nosotros a nuestro hijo, fuimos un día a su casa a merendar, todos juntos claro…Hasta ahí todo bien. Pero llegó el día en que nos llamaron para quedar a comer, que hacía ya unos cuantos meses que no nos veíamos.
–  Hola, Y. ¿Os viene bien que quedemos este sábado?.
– Ah, pues sí, nos viene bien, el sábado nos vemos para comer.
– Vale, es que nosotros estamos sin el niño, ¿qué vais a hacer vosotros con X?.
– ¿Ein? Pues llevárnoslo, claro.
– Ah…bueno, pues entonces mejor quedamos otro día, que nosotros también tengamos niño, ¿vale?.
Todavía estoy esperando que llegue ese día y debe haber pasado ya mes y medio. En fin, que uno se lleva sorpresas al entender las cosas de golpe. Está claro que para ellos los fines de semana sin hijo son una institución que nadie debe osar perturbar y como han visto que nosotros no somos de esos…se ha debido producir un desencuentro…o algo parecido, porque os confieso que no tengo el tema muy claro.
Cuando me contaban amigas con hijos que habían perdido amigos porque “a la gente no le apetece tanto quedar contigo cuando tienes hijos” yo flipaba un poco. Porque yo me he relacionado con gente varios años mayor que yo, casada, con hijos, cuando yo tenía “veintipocos” y nunca tuve ningún problema, sino todo lo contrario. No sólo no me ha importado nunca quedar con matrimonios con hijos (quiero decir con matrimonios que se llevan a sus hijos a todas partes) sino que he esperado con ganas el compartir tiempo con ellos.  
El asunto me dejó bastante anonadada en su momento y sigo un pelín sorprendida. ¿Os han pasado cosas similares?.