Desde el lunes por la tarde el embarazo parece haber cobrado una nueva dimensión: ya sé que mi bebé es niño, tenemos nombre decidido (salvo cambio de opinión de última hora) y esto me ha ayudado muchísimo a conectar, algo que necesitaba ya casi con urgencia.

En el embarazo de mi hijo la conexión fue inmediata. No sé explicar las razones, aunque evidentemente el hecho de que el embarazo me agravara una enfermedad pre-existente contribuía enormemente a que no pudiera olvidar ni un sólo momento lo que estaba pasando en mi interior y la preocupación tan grande que sentía por ambos hacía que todo fuera muy muy real.

En este caso no ha sido así. Mi tiempo está dedicado íntegramente a mi hijo, que me deja poco o ningún margen para pensar en otras cosas o preocuparme de mi misma. Además, estoy muy bien por lo que, salvo que note los movimientos del bebé, hay muchos ratos durante el día en que podría olvidar que estoy embarazada.

La razón de más peso que me impedía conectar del todo, aunque parezca banal, era el desconocer el sexo del bebé. Empecé a notar muy pronto sus movimientos, sabía que estaba ahí, pero desconocer si era niño o niña me tenía bloqueada. No podía pensar en cómo sería, a quién se parecería, qué nombre ponerle, qué ropita podría aprovechar de mi hijo, qué cosas necesitábamos comprar, cómo sería nuestra vida en unos meses… Me tumbaba en la cama, le notaba moverse, pero no sabía cómo dirigirme a mi bebé.

Nunca pensé que me pudiera importar tanto, pero lo necesitaba. Ahora que he conectado, se ve todo de otra manera.