Con ocasión de estas fiestas navideñas he tenido la ocasión de volver a escuchar, de boca de una mujer embarazada, una frase que detesto: “las embarazadas también somos sexys”.
Esta entrada guarda mucha relación con lo que expuse el otro día en no quiero ser una tía buena.
Soy consciente de que la formulación correcta de la frase es: “una mujer embarazada no tiene por qué dejar de ser atractiva, de cuidarse y sentirse bien consigo misma”, algo con lo que estoy de acuerdo. 
Pero como vivimos en una sociedad en la que hemos sexualizado absolutamente todo, una formulación más “normal” no tiene cabida si queremos ser “modernas”, “desinhibidas” y “progres”. El sexo envuelve todo lo que nos rodea: la publicidad de los perfumes (cualquier publicidad, para ser más exactos), el telediario, las noticias de la prensa rosa y no tan rosa, el reconocimiento social de quien tiene mucho éxito en sus relaciones sentimentales, la ropa..
Yo no resulto moderna ni progre ni “in” sino más bien carca y aburrida porque me independicé con mi pareja con 24 años recién cumplidos y he tenido un hijo con 27. Porque lo “in”, lo aceptado socialmente, es tener un follamigo (palabra sacada de GH11), salir de fiesta jueves, viernes, sábado y domingo (enrollándote cada día con un@, faltaría más), vivir con tus padres hasta los 35 y entonces, sólo entonces, casarte, tener un hijo deprisa y corriendo porque se te pasa el arroz y, como en realidad no has madurado ni querias tener hijos, endiñarle el niño a los abuelos día sí, día también, para poder seguir saliendo por ahi de juerga con l@s amigot@s. Si cumples estas premisas, eres un tío o una tía súper enrollado, una persona de éxito. Si tienes una familia y crees en sus valores, eres un petarda aburrida.
Con estas ideas flotando en el ambiente es normal que cualquier embarazada media necesite esforzarse para seguir pareciendo en la onda. Y para eso, claro, hay que ser sexual. Y hay que estar sexy.
Pero es que resulta que la tripa de la embarazada no es un adorno que te puedas quitar o poner. No es un efecto adverso del embarazo. La tripa significa que dentro se está formando un bebé. Dentro de ese vientre hay un ser humano experimentando el milagro más grande de la vida humana. Y eso, nos pongamos como nos pongamos, no es sexy.
La maternidad es un regalo de la naturaleza, un auténtico prodigio del cuerpo de la mujer. Tener una buena barriga con tu hijo dentro es entrañable, es dulce, tierno, pero, definitivamente, no puede ser sexy.
Inevitablemente se me vienen a la cabeza imágenes pornográficas de embarazadas. ¿Esas son sexys? ¿No será, tal vez, algo enfermizo encontrar sexy a una mujer embarazada?. A mi me lo parece. ¿Y prestarse a ello? ¿Por qué salen famosas embarazadas posando con cara de estar a punto de experimentar un organsmo?.
Más allá de que esta connotación sexual me espanta y creo que olvida lo fundamental, que es el bebé que está formándose en su interior, me parece que, de nuevo, vuelve a cargar las espaldas de las mujeres con la obligación de estar guapas y perfectas a cada momento.
No basta con que el embarazo sea largo, sea cansado, te duelan las piernas, la espalda, la tripa, no pares de hacer pis, te marees, tengas contracciones, te duela la cabeza, te salgan estrías, engordes hasta ponerte como una foca a pesar de no comer de nada, se te hinchen los pies…No basta con eso, no. El llevar un hijo en tu seno y darle tu cuerpo para que se forme no es suficiente. Además, y, por encima de lo anterior, debes estar sexy, para que el mundo siga percibiendo lo sexual que eres.
Os diré una cosa. Muchas embarazadas no tienen ni pizca de ganas de sexo. Muchas mujeres que acaban de ser madres no tienen ni el más mínimo interés en el sexo. Por algo será, ¿no?. Entonces, ¿por qué tienen que esforzarse en demostrar que siguen estando follables (perdón por la palabra, pero es lo que la frase viene a decir) y que siguen estando interesadas en el folleteo?. Creo yo que la vida es mucho más que echar un kiki. Afortunadamente!!!.
Hace poco escuché decir a la Campanario que Jesulín, tras sus dos partos, lo primero que había preguntado al ginecólogo nada más salir del paritorio era que cuando podía volver a acostarse con su mujer. Y ella lo decía riendo, en plan “qué macho es mi hombre”. Pues hija, no es para reirse, a mi me da muchísima pena.
Como le decía a Gem esta tarde respondiéndole a su comentario en mi entrada no quiero ser una tía buena, la culpa de todo esto la tenemos las mujeres. Mientras sigan existiendo mujeres florero, mientras siga habiendo embarazadas que van de morbosos objetos sexuales, a las demás se nos seguirá juzgando por este mismo patrón.