No sé por qué pensaba que esto nunca llegaría a nuestra casa. Pensaba que siendo poquitos de familia era imposible que el nene se juntara con una gran acumulación de regalos en Navidad como ocurre, casi inevitablemente, en otras familias con muchos miembros.

Otros años así había sido, un detallito y punto. Este año, para más inri, tanto mis padres como nosotros hemos sufrido para comprarle algo que nos pareciera adaptado a su edad y que le pudiera gustar. Así que estaba convencida de que iban a ser un par de cositas y para de contar, ¡si en algún momento hasta habíamos sentido que le habíamos comprado muy poquita cosa!.

Pero la noche del 24 al 25, en casa de mis padres, empezaron a salir paquetes y paquetes… y lo vi venir. Pensé en lo que aún guardábamos nosotros y en lo que presumiblemente tendrían sus otros abuelos y me pareció una barbaridad. La solución parcial ha sido dejar para Reyes bastantes regalos (casi todos los nuestros), pero cuando estos se destapen, el salón de casa va a parecer una juguetería.

Hasta la fecha ha recibido: la mochila parlanchina de Dora, un parking con cochecitos, dos puzzles, un libro, un memory de Dora, un Lego de coche de policía y un juego de ensartables (de estos de hacer collares). Demasiado.

Me tranquiliza pensar que más de la mitad de las cosas, a las que ahora no le he prestado mucha atención, tendrán utilidad más adelante, que el año es muuuuuy largo y que además son juguetes educativos. Es el caso de los puzzles que ya tiene y los que le faltan por recibir, los libros de pegatinas y el juego de plastilina que recibirá por Reyes, los ensartables… porque de lo demás, ya sé yo que de momento tendrá mucho éxito y luego quedará en el olvido.

El año que viene creo que aplicaremos la regla que ya conozco de muchas otras casas: un detallito por persona. Más que de sobra.