Algo común a mis dos postpartos, y a los de muchísima gente, ha sido la caída del cabello.

En el primero se me cayó mucho, pero no llegué asustarme pues partía de una cabellera muy abundante.  Esta vez la caída ha dado mucho miedo, los puñaos eran bestiales. Mayor cuando los veía decía “mami, ¿te pones los pelitos en la cabeza otra vez?“. ¡Ojalá!, pensaba yo. Los manojos han sido dignos de sacarles una foto pero hubiera sido muy asqueroso. Basta con decir que de cada manojo podía haber hecho una peluca para una Barbie y que según iba andando iban cayendo los pelos a mi paso.

La consecuencia, estaba claro, es que se me han formado dos calvas, una a cada lado de la frente. Donde muchos hombres tienen entradas, se me clarea el cuero cabelludo. Y ni qué decir tiene que se me ha quedado una coletita que casi puedo recogerme el pelo con un coletero de bebé.

Cada lavado ha sido un disgusto, un disgustazo.

Afortunadamente, tras más o menos dos meses de caída sin freno, parece que poco a poco se está ralentizando, parece que llega a su fin.

De hecho, hay un signo de esperanza y que indica que esto está terminando: me está saliendo pelo nuevo. En la frente y en las entradas ya tengo una pelusa tiesa que anuncia que en los próximos meses iré repoblando las calvas y la cabellera en general. Pero no me engaño, sé que nunca volveré a tener la misma melena, igual que nunca volví a tenerla después del primer niño. Es más, de ésta el pelo casi seguro que me va a quedar castaño ya definitivamente, pues la que me salió después del primero era más oscura que mi pelo de toda la vida y esta apunta las mismas características. ¡Lo que se estropean los cuerpos, me cachis en la mar!.

Y cómo a mi me gusta saber el por qué de las cosas, he estado indagando sobre los motivos de esta caída tan fuerte que muchas mujeres experimentan tras el parto. Parece que es debido a un desequilibrio hormonal. Durante el embarazo se produce mucha progesterona y la progesterona tiene el efecto de impedir que se caiga el pelo. Tras el parto, la progesterona disminuye drásticamente, lo cual provoca que el pelo pase a la fase de caída en un abrir y cerrar de ojos. Esto suele ocurrir en torno a los dos-tres meses tras al alumbramiento (en mi caso justo a los tres meses en ambos casos) y aunque no suele durar más allá de dos o tres meses, en algunos casos puede seguir cayéndose mucho el pelo hasta el año.

Yo pensaba que esta vez, al no tener la regla todavía, la caída sería mucho menor, que algo influirían las hormonas que controlan la lactancia, pero mi teoría ha fracasado estrepitosamente.

Por cierto, que al igual que me pasara la primera vez, el desequilibrio hormonal no sólo me ha traído esta expectacular caída del pelo, sino también mucha grasa, granos a tutiplén (la mayoría de estos enquistados que duelen un montón), y ya noto volver los dolores de cabeza.

Que físicamente estoy deteriorada, vaya, pero lo llevaremos con una sonrisa, que la causa bien lo merece. Y que de esto nos reponemos todas, ¡seguro!.