Todavía me sorprendo con las cosas que el instinto de una madre es capaz de hacer.
El nene lleva unos días regularcillo con la boca. Mientras duerme se le nota inquieto, a veces gime o suelta algún gritito agudo y sigue durmiendo. Ayer se despertó de la siesta llorando mucho y muy agudo, le dolía. Cuando se despertó así, me vino un pensamiento a la cabeza: “esta noche va a tener fiebre”.
Pasamos la tarde con cierta irritabilidad pero se durmió sin mucho problema, incluso tranquilo. Sin embargo, sobre las 05.00 h me desperté y, estando de espaldas a él, ya supe que estaba malito. La forma que tenía de moverse en la cama, sus gemiditos, ese respirar trabajoso… Efectivamente, me di la vuelta en la cama, le toqué y tenía fiebre: 38º C.
Por supuesto, mi marido dormía plácidamente. Incluso le tocó la frente y me dijo que no tenía nada.
Lo del niño parece leve. Un poquito de mocos, a veces le llora un ojito y está algo menos activo de lo habitual. Esta mañana sólo ha tenido décimas. Así que supongo que es una mezcla de dientes y enfriamiento, de momento no me preocupa excesivamente. Han sido tres meses sin ponerse malito, no nos podemos quejar.
Me encanta ese instinto materno… me fascina esa conexión animal que tenemos con nuestra cría, después de tantos años de evolución, está claro que hay cosas que no cambian.