Hoy, 23 de abril, hace un año que entré llorando en urgencias porque no podía respirar. En todos mis años de asma no me había encontrado con semejante tos, ahogo, presión y dolor en el pecho. Había pasado la noche en urgencias de otro hospital donde más que tratarme me habían “puesto un parche” porque no había neumólogo de guardia y no se atrevían a medicar más a una embarazada. Así que al poco rato de volver a casa me encontraba incluso peor y decidí cambiar de hospital.
Entré llorando porque aquella mañana pensaba que iba a perder al niño. Todavía no sé cómo podía llorar y ahogarme a la vez, pero cuando al empezar a atenderme les dije que estaba embarazada aquello fue como un torrente, no había quien lo parara. Me trataron mejor que bien. Bajó a verme hasta el jefe de neumología del hospital, me dieron el mejor box de urgencias, vinieron a verme todas las enfermeras, me animaron, me consolaron, dejaron estar a mi marido más rato del permitido…
Finalmente quedé ingresada. Cuando empezaron a chutarme Urbasón y vi que no funcionaba me asusté y mucho. Así que cuando me propusieron ingresar no lo dudé. Estuve dos semanas, de la semana 16 a la 18 de embarazo y hasta las enfermeras de urgencias que me atendieron aquel día subían a ver de vez en cuando.
Fueron dos semanas muy chungas. Me costó recuperarme y las noticias no fueron buenas: “casi no mueves el diafragma, tienes mala ventilación, lo único que podemos decirte es que tienes que estar preparada porque puede empeorar cuando el bebé vaya creciendo”. 
Y no se equivocaban, no. El resto del embarazo fue duro, no sólo por el malestar físico de no poder respirar sino también por el miedo a la gripe A, por la incomprensión de casi todos, por lo lento que pasaba el tiempo… La cesárea no entraba en mis planes pero no me importa: si no hubiera sido por ella, no sé si mi bebé y yo estaríamos aquí hoy, escribiendo este blog.

Pero cómo son las cosas, ahora estoy aquí, un año después, con mi bebé de casi siete meses y, aunque no se me olvida, parece que haya pasado un siglo. Me siento muy feliz por haber tenido un bebé sano y sé que soy afortunada.