Me cuenta una amiga que su marido se ha cambiado de trabajo hace poco. En principio, parece que es para bien, es decir, un trabajo más interesante, más estable, con posibilidades de proyección y algo mejor económicamente. Lo que ha empeorado es el horario. 
No es para quejarse, hay horarios de oficina mucho peores, pero llegar a casa cuando la niña barrunta ya todo el cansancio del día, está bastante irritable y nada más que quiere baño, biberón y cunita… da pena. Al final del día, el tiempo que pasa este hombre con su hija es de una hora, quizá dos.
Entiendo que para muchas personas el horario de trabajo no sea relevante. Para nosotros (y para este matrimonio) sí lo es y mucho.
El problema del 75% de las empresas que conozco no es tanto el horario como los propios compañeros. Por mi experiencia, existen bastantes oficinas con horario flexible de entrada y salida. ¡La cuestión es que nadie lo utiliza!. La gente se presenta en la oficina más tarde de la hora límite y se quedan con el culo pegado al asiento hasta las mil. Esa costumbre de calentar el asiento, que tanto gusta en España, es realmente perniciosa para los que sí quieren irse a su casa, para los que sí tienen ganas de estar con su familia, para los que sí les espera alguien.
Yo he vivido en mis propias carnes como la gente no se levanta del asiento ni con agua caliente porque no se quieren ir a su casa. Así de triste. Hay quien piensa que eso les ayudará a trepar, cosa más que dudosa. Y otros tantos viven con sus padres y no tienen plan para la tarde ni urgencia por poner lavadoras, o están haciendo tiempo para irse luego de tapas, o tienen una familia a la que no quieren aguantar y si puede ser que cuando lleguen los niños estén cenados y acostados, mejor que mejor. 
Este tema me ha puesto siempre enferma. No me importa que haya gente trepa o gente sin vida, eso cuento con ello, lo veo hasta normal. Lo que realmente me cabrea es que si llega la hora y nadie se levanta, el primero en marcharse es señalado por toda la oficina. En muchos ambientes, tu consideración no se mide por la cantidad de trabajo que saques adelante o tu eficiencia y profesionalidad sino, simplemente, por ser de los últimos en marcharse aunque realmente estés en facebook, chateando o echando un backagammon online.
Así que entre unas cosas y otras, este chico no puede hacer horario flexible porque nadie valora quién llega primero pero sí quien se levanta antes. A mi me da pena y rabia a partes iguales.
Por cierto, que cada vez tengo más claro que de los hombres no se espera que concilien. A las mujeres con jornada reducida directamente se las aparta profesionalmente, dando por hecho que no se puede contar con ellas para nada. ¿Qué pasaría si un hombre quisiera reducir su jornada?. ¿Alguien lo ha hecho?.

Este es el único trepa que trago.