Gastrointeritis. En los tres años y medio que llevamos mi marido y yo viviendo juntos, nunca se había dado la circunstancia de estar enfermos a la vez. Pero como siempre hay una primera ocasión en todo, se ha presentado sin avisar en estos días. 
El martes por la noche empecé con malestar de estómago y pronto empecé con un dolor tremendo en la tripa y especialmente en los riñones, además de una tiritera de órdago. Empecé a devolver a las 01.30 y pronto le siguió la diarrea y confirmé la fiebre. Parecía que mi marido se iba a librar del tema pero a las 05.30 empezó su particular “fiesta” con idénticos síntomas. 
A las 06.00 de la mañana mi principal preocupación es que alguien viniera a hacerse cargo de mi hijo porque estas no eran unas circunstancias en que pudiéramos hacer de tripas corazón. De hecho, cuando a las 05.30 le vino a mi marido el arrechucho, le estaba dando un biberón al peque, al que tuvo que soltar a toda prisa en la cama para precipitarse al baño. 
Afortunadamente, mi suegra tiene cosas buenas y una de ellas es que es una mujer solícita, así que a primera hora de la mañana se llevó al niño, para que sus padres pudiéramos pasar el día en la cama.
Ayer por la mañana parecía que había amanecido mejor pero tuve una bajada de tensión de las mías, que casi me desmayo en el baño. Así que otro día en la cama.
Visitas médicas a domicilio. Tanto el martes como ayer llamé al ambulatorio para que viniera alguien a casa a verme, puesto que yo no estaba en condiciones que ir a pie. El martes me diagnosticaron el virus gastrointestinal por teléfono. Ayer me prometieron que iban a ir porque mis síntomas eran de deshidratación (que puede ser algo serio) pero tras dos horas esperando al médico no se presentó nadie. Al final llamó mi doctora, haciéndome tele-diagnóstico nuevamente e indicándome sin decirlo que acudiera a urgencias si empeoraba. ¡Tócate las narices!.
Como no quiero llevarme mal con mi doctora, no dije ni mu, pero creo que lo ocurrido merece una nueva queja a mi ambulatorio. Ya me habían comentado varios vecinos que los médicos del ambulatorio se negaban a visitar a domicilio y, de hecho, estando embarazada lo solicité una vez y tampoco vinieron, pero pensaba que esta vez sí iban a venir porque había motivos más que fundados. Si no nos han visitado en esta ocasión, imagino que es cierto lo que cuentan y ponen mil y una excusas para no ir a los domicilios.
Luego dirán que en España hay picaresca con las bajas. Que no me digan a mi si no sería fácil en mi ambulatorio colar una. 
¡Indignada estoy!.
Un bebé. Cuando empecé con el dolor de riñones tan agudo lo único que podía pensar es que si teníamos que ir a urgencias qué iba a hacer con el niño, que dormía plácidamente ajeno a todo. Tanta ansiedad me entró que hasta me tomé un orfidal, el primero en mucho tiempo, y creo que me hizo más bien poco.
Aunque no estaba muy por la labor, tengo que agradecer enormemente a mi suegra que se llevara al niño, porque no quiero ni pensar qué hubiéramos hecho si hubiéramos tenido que cuidar de él. De hecho, ayer no se lo pudo llevar y se junto con un día suyo bastante malo y lo pasamos mal mi marido y yo turnándonos para estar con él.
Otra de las preocupaciones que me asaltaron fue no haberle contagiado. La doctora por teléfono me dijo que si no tenía ya síntomas no los tendría, pues sólo hay que ver que mi marido y yo nos pusimos malos con una diferencia que no llega ni a cinco horas. Este hijo mío parece bastante resistente a los virus, no como su madre, pues ha resistido en sus cuatro meses y medio de vida, dos resfriados paternos y uno materno y una gastrointeritis de ambos. ¡Ojalá siga así!.
La verdad es que todo el martes fue un día extrañísimo porque aunque estábamos destrozados, no tener a nuestro hijo en casa era algo raro y bastante desagradable. ¡Aun estando como estábamos, cuando llegó la tarde estaba deseando que le trajeran de nuevo a casa!.
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Hoy estoy mejor y mi marido ha ido a trabajar. No sé cómo seguirá él porque esta mañana no hemos coincidido despiertos, pero yo sigo tocada. Me molesta el estómago, tengo nauseas y estoy mareada.
En tantas horas en la cama he tenido tiempo de pensar en muchos temas para el blog, aunque la mitad los he olvidado esta noche durmiendo.
Espero ir recuperando el ritmo poco a poco porque ahora mismo tampoco tengo muchas ganas de ordenador.