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Lunes 4 de octubre, la fecha en la que me reincorporaba al trabajo después de la excedencia. Sin embargo, y no sé si decir que contra todo pronóstico, ha sido el día en el que mi relación con mi empresa ha terminado. 
Como soy una sentimental, tengo que reconocer que sentí pena y que si me hubieran presionado un poquito hubiera llorado. Aunque no estuve mucho tiempo allí, fueron buenos momentos y tengo muy buenos recuerdos. Para bien o para mal, siempre estará asociado con mi embarazo y eso ya es mucho como para olvidarlo fácilmente, por mucho que no se hayan portado todo lo bien que cabría esperar.
A veces me siento idiota por ser tan sentimental. Hubo un momento en que pensé que mi jefa realmente me apreciaba. Incluso pensé que podríamos llegar a ser amigas, más allá de la relación laboral. Teníamos bastantes cosas en común y había muy buen rollo, mucho feeling, era algo que se palpaba en la empresa y algunas personas me comentaban. Sin embargo, me ha pasado como en otras ocasiones. Mi jefa no supo/quiso estar a la altura durante el tiempo de mi baja durante el embarazo y mucho menos después. Aunque esto es, sin duda, culpa mía y de mis altas expectativas respecto a la gente, soy  muy consciente de ello. Igual que sé que me entrego muy rápido, que quiero mucho a la gente con poco que me den y demás tendencias sensibleras que tengo… ¡no tengo remedio!. Al menos me hubiera gustado que fuera ella la que me avisara con antelación de las intenciones de mi empresa y que no dejara que a principios de septiembre me tendieran una pseudo-emboscada que no me esperaba para nada.
En fin, mejor no darle más vueltas. Ya tengo mis papeles firmados, mi cheque, y en cuanto tenga un hueco me inscribiré en el INEM para fastidiar aún más las cifras del paro de este país.
Estoy contenta, a pesar de todo, de haber cerrado esta etapa, y miro al futuro con optimismo. Es uno de los grandes regalos que me ha hecho la maternidad: estar más positiva que nunca. Por eso adjunto un chistecillo de Forges que me encanta, para despedirme del mundo laboral con una carcajada.