Después de una década soñando con que llegara el momento de tener hijos, uno no se espera tener dificultades para quedarse embarazada. Al menos a mi, que me educaron en el miedo a un embarazo no deseado, me parecía que una mujer podía quedarse embarazada poco menos que con un estornudo. Así que cuando empiezan a pasar los meses y ves que no lo consigues…pasas del estupor a la preocupación en un instante.
Al principio es estupor. Como digo, yo pensaba que siendo joven y practicando sexo sin protección día sí día también era imposible no concebir un niño. Cuando ves que no, que no es tan sencillo, lo primero que piensas es: “hay que joderse, tantos años de preocupación al más mínimo retraso, pensando en si te has olvidado de tomar la píldora algún día o si habrá fallado como consecuencia de los antibióticos que te tomaste para las últimas anginas y ¡ahora mira!“.
Pero la guasa te dura más bien poco porque enseguida piensas: “mierda, vamos a pasar a engrosar la cada vez más numerosa lista de los que no consiguen un embarazo“.
Echo la vista atrás, y en aquellos meses (afortunadamente fueron meses y lo conseguimos justo antes de iniciar un tratamiento de inducción a la ovulación, vamos, que no fué para tanto) yo pensaba que el embarazo era la panacea. Estaba convencida de que el embarazo iba a sanar todos mis males, físicos y mentales.
Me creé unas expectativas sobre el embarazo totalmente irreales, en las que me veía paseando por un bonito prado, con una temperatura estupenda, disfrutando de mi tripa, con un marido solícito accediendo a todos mis caprichos, comprando ropa para bebé atendida por amabilísimas dependientas…Como suele decir mi churri: “¡cuánto daño ha hecho Hollywood!“.
Tener altas expectativas siempre es malo, pero tenerlas con respecto al embarazo, es aún peor. Desconozco las estadísticas, pero me da que más del 80% de las embarazadas padecen tantos achaques durante esos nueve meses que la experiencia les parece cualquier cosa menos idílica.
Cada cual afronta el embarazo como mejor le parece pero yo, a estas alturas, creo que es mejor ser objetiva y concienciarse, ya de primeras, de que el embarazo es un esfuerzo físico bestial y, como tal, suele producir efectos secundarios. Lo llevaderos que resulten dependerá de cada mujer y cada embarazo pero lo más probable es que todas, en algún momento, pasen por fases malas. 
Mis altas expectativas me hicieron mucho daño, no estaba preparada mentalmente para afrontar un embarazo con un ingreso hospitalario y tantos problemas para respirar durante tantos meses. Creo que si hubiera partido de otra concepción lo hubiera llevado mejor, mucho mejor. 
Vale que la gente tampoco ayuda. Porque por mucho que algunas mujeres hayan tenido embarazos estupendos (¡como Laky!) todo eso que dicen de que la mujer está preciosa durante el embarazo, que es la mejor época de la vida y demás blablablá…¡son tontunas que no se debería creer nadie en su sano juicio!. No hay más que ver los catálogos de mujeres embarazadas, que son escuálidas modelos con un cojín en la tripa, y salir a la calle y ver la realidad (el catálogo de Alia o el de Prenatal son casi un insulto). Estamos presionadas por todos lados para estar perfectas y felices, como si fuera una obligación llevar el embarazo como si nada. Parece que da apuro decir que una está hasta el moño, llena de achaques y deseando que llegue el momento de “soltar lastre”.
Para mi no hay duda de que todas estas expectativas, animadas por la publicidad y el entorno, son bastante perniciosas y hay que saber ordenar las ideas y distinguir lo real de lo deseable. ¡O al menos intentarlo!.