Ya conté que mis hijos no callan. Conforme Bebé va hablando más y mejor lógicamente su participación cada vez es mayor, no sólo con nosotros sino también en conversaciones con su hermano. Hay muchos muchos momentos durante el día que el follón es tremendo, una auténtica locura y de hecho creo que en el último mes ellos mismos han empezado a ser conscientes de que hablando todos a la vez es imposible entenderse. El problema es que, hasta ahora, como ninguno de los dos quiere callar, la solución más habitual es que vayan subiendo el tono hasta pretender mantener conversaciones normales a pleno pulmón con tal de no ceder la palabra y estar en silencio durante unos segundos.

En un arranque de desesperación – que a veces surgen ideas útiles también de los momentos en que te tiras de los pelos – inventé dos estratagemas o pequeños juegos para frenar el escándalo y poner un poco de orden en su irrefrenable paloteo al tiempo que intento que vayan practicando la paciencia, la amabilidad de ceder el turno al otro y la virtud de pensar antes de hablar en lugar de cotorrear sin ton ni son.

Lo primero que hice, inspirada por algo que les vi hacer en un cumpleaños del cole, es que cuando les veo muy aturrullados pisándose el uno al otro les freno en seco y les pido que levanten la mano. No sé por qué pero esta forma de establecer turnos les parece súper graciosa y colaboran muy activamente. Con este juego, además, potenciamos la escucha al que está hablando, que por unos minutos se siente especial (algo que con los celos que tienen sigue siendo muy importante). No obstante, aun tenemos que perfeccionar el sistema porque a menudo el que tiene el turno intenta abusar del mismo no acabando nunca aunque no tenga nada que añadir.

La otra idea que me inventé fue jugar a echar un pulso de silencio. La idea es muy básica.: cuento hasta 3 y tienen que permanecer calladitos. El que más aguante gana. El juego les ha gustado mucho y han ido mejorando sus marcas aunque rara vez han superado los 2 minutos. Al igual que el juego anterior, seguimos trabajando en ello ya que a menudo el que pierde acaba llorando de impotencia porque, verdaderamente, esos segundos sin hablar se le han hecho una tortura y ha roto el silencio porque no podía más. Seguiremos trabajando el auto control, que les cuesta mucho.

Para lo que todavía no he inventado nada pero estoy en ello es para el cuando hablan los adultos los niños se callan. Entiendo que las conversaciones de adultos pueden ser muy tediosas para los niños, demasiado rollazo la temática y demasiado largas, pero es que no se aguantan con la mano levantada ni un minuto y no poder hilar ni dos frases con el padre de las criaturas es muy exasperante y espero que termine agudizando nuestro ingenio.

No puedo echar campanas al vuelvo, pero algo hemos mejorado con estas estrategias para ordenar la conversación de dos niños que no callan. Además de sus pequeños avances, me gusta percibir que empiezan a ser conscientes de que hablando se entiende la gente… pero hablando de forma civilizada.

Foto | Daniel Pink en Flickr CC